El error clásico es regalar otro juguete de peluche
Una casa con perro acumula juguetes al ritmo de uno por visita. La mayoría son de peluche, duran una tarde y acaban destripados en la terraza. Regalar el número catorce no es un regalo, es trabajo para quien pasa el aspirador.
Lo que sí falta casi siempre es lo que se usa todos los días y nadie renueva: el comedero, el bebedero, la alfombra donde come. Son objetos que se compran una vez, se quedan cortos y nadie sustituye porque funcionan a medias. Ahí está el hueco.
La banda razonable es menos de 20 euros para el detalle con gracia y de 20 a 50 para el comedero bueno o el regalo personalizado. Por encima ya son muebles y conviene preguntar.
El comedero es el regalo aburrido que más se agradece
Suena a poco y es el que mejor funciona, porque se usa dos veces al día durante años y casi nadie se molesta en mejorarlo.
Para perros grandes o de cuello largo, el comedero elevado evita que coman con la cabeza por los suelos. El comedero elevado de cinco alturas de Torven y el Petace de cinco alturas se ajustan según crece el animal, el de cuatro alturas de Marchul hace lo mismo más barato y el elevado con almacenamiento oculto de PawHut esconde el saco de pienso debajo, que en un piso pequeño resuelve un problema real. Si buscas algo bonito además de útil, el comedero de cerámica con base de bambú es el que no canta en una cocina.
El otro gran problema es el perro que engulle. El comedero antivoracidad de Outward Hound es el clásico del laberinto, el Mateeylife juega la misma carta y el cuenco de silicona de alimentación lenta sirve para los que además tiran el cacharro por la cocina. Para perro pequeño está el antivoracidad de talla mini, que no es lo mismo con otro nombre: el relieve tiene que ser proporcional al hocico.
En agua, el bebedero antigoteo de diez litros es para casa con jardín o para quien se va el fin de semana, y el comedero y bebedero automático de Nobleza resuelve las dos cosas a la vez. El set de boles tres en uno con alfombrilla es el regalo completo si la persona acaba de estrenar perro.
Lo que cansa a un perro no es correr, es olfatear
Es el dato que cambia el regalo. Un cuarto de hora de trabajo de olfato deja a un perro más tranquilo que una hora de pelota, y casi nadie lo sabe cuando compra.
La alfombra olfativa de Nobleza y la alfombra olfativa Petgens esconden el pienso entre tiras de tela para que el animal tenga que buscarlo. Es el regalo que mejor funciona en pisos, en días de lluvia y con perros que se quedan solos por la mañana. Para la mordida está la cuerda de algodón de 68 centímetros, que aguanta lo que no aguanta el peluche, y el peluche elefante de Vitakraft para los que juegan suave.
El limpiador ocular de Artero no es un regalo emocionante y por eso lo pongo aquí: en razas de ojo saltón o pelo blanco es lo que se acaba antes de todo lo de la estantería.
El felpudo, que es el regalo con gracia que sí se usa
Si el regalo tiene que abrirlo la persona y hacer gracia, el felpudo es la apuesta más segura de esta lista. Se ve todos los días, lo lee cada visita y no ocupa un hueco que la casa no tenga.
El felpudo de «cuidado con el perro» es el chiste clásico, con el perro que en realidad no da miedo a nadie. El felpudo de coco con huellas de Amaru va por lo decorativo y el de coco de Tienda Eurasia es el término medio. Si quieres subir un punto, el felpudo personalizado con la familia y las mascotas pone al perro con nombre en la puerta, que es exactamente lo que quiere quien tiene perro.
Los calcetines de «el perro está en mis piernas, no puedo levantarme» son el detalle de diez euros que describe una escena que ocurre en esa casa cada tarde. Y la taza ilustrada de perro salchicha hace lo mismo en la cocina si la raza coincide. Para el friki de la casa, el collar de perro de Star Wars de Darth Vader es de los pocos regalos que le gustan a los dos.
Lo personalizado con su perro es el que no se tira nunca
Un objeto con la cara de su perro no compite con nada, porque no hay otro igual. Pide foto decente y unos días de margen, así que no vale para el regalo de última hora.
El retrato de tu mascota en lámina de arte es el que acaba colgado. La almohada con la forma de tu mascota y el cojín personalizado con foto recortan la silueta del animal y se quedan en el sofá. El marco de huella de Pearhead trae arcilla para hacer la impresión de la pata en casa, y la pulsera grabada con la huella es la versión discreta que se lleva puesta.
Hay una advertencia que conviene decir en voz alta: el marco de huella y el retrato son también el regalo que se hace cuando el perro ya no está. Si ese es el caso, mejor preguntar antes. Lo que consuela a una persona a otra le remueve el día.
El fondo entero está en regalos para mascotas, y si en esa casa además hay gato, la lista propia es regalos para amantes de los gatos.
Escrito por el equipo de Regalando, que revisa cada regalo antes de incluirlo en la lista.