Seis cosas que miro antes de comprar
- Piensa en la persona, no en el perro. El animal ya tiene juguetes. La casa es la que tiene el cacharro malo.
- Lo que se usa dos veces al día gana. Comedero, bebedero y alfombra de comer se tocan a diario durante años.
- Olfato antes que carrera. Un cuarto de hora buscando pienso cansa más que una hora de pelota.
- Mide el hocico, no la raza. En los antivoracidad el relieve tiene que ir a escala, y el de perro grande no vale para un chihuahua.
- Lo personalizado pide foto y margen. Cuenta una semana larga entre el encargo y la entrega.
- Sin comida ni premios sin preguntar. Dietas veterinarias y alergias las lleva su clínica, no tú.
Otro juguete de peluche es el error clásico
Una casa con animal acumula juguetes al ritmo de uno por visita. La mayoría son de peluche, duran una tarde y acaban destripados en la terraza. Regalar el número catorce no es un regalo, es trabajo para quien pasa el aspirador.
Lo que sí falta casi siempre es lo que se usa todos los días y nadie renueva: el comedero, el bebedero, la alfombra donde come. Son objetos que se compran una vez, se quedan cortos y nadie sustituye porque funcionan a medias. Ahí está el hueco.
La banda razonable es menos de 20 euros para el detalle con gracia y de 20 a 50 para el comedero bueno o el regalo personalizado. Por encima ya son muebles y conviene preguntar.
Comederos, el regalo aburrido que más se agradece
Suena a poco y es el que mejor funciona, porque se usa dos veces al día durante años y casi nadie se molesta en mejorarlo. Sale a céntimos por uso, que es una cuenta que no se hace nunca al elegir un regalo y que aquí sale a favor.
En los grandes y en los de cuello largo, el elevado evita que coman con la cabeza por los suelos. El comedero elevado de cinco alturas de Torven y el Petace de cinco alturas se ajustan según crece el animal, el de cuatro alturas de Marchul hace lo mismo más barato y el elevado con almacenamiento oculto de PawHut esconde el saco de pienso debajo, que en un piso pequeño resuelve un problema real. Si buscas algo bonito además de útil, el comedero de cerámica con base de bambú es el que no canta en una cocina.
El otro gran problema es el que engulle. El comedero antivoracidad de Outward Hound es el clásico del laberinto, el Mateeylife juega la misma carta y el cuenco de silicona de alimentación lenta sirve para los que además tiran el cacharro por la cocina. En talla pequeña está el antivoracidad mini, que no es lo mismo con otro nombre: el relieve tiene que ser proporcional al hocico.
En agua, el bebedero antigoteo de diez litros es para casa con jardín o para quien se va el fin de semana, y el comedero y bebedero automático de Nobleza resuelve las dos cosas a la vez. El set de boles tres en uno con alfombrilla es el regalo completo si la persona acaba de estrenar cachorro.
Cansa más el olfato que la carrera
Es el dato que cambia el regalo. Un cuarto de hora de trabajo de olfato deja al animal más tranquilo que una hora de pelota, y casi nadie lo sabe cuando compra.
La alfombra olfativa de Nobleza y la alfombra olfativa Petgens esconden el pienso entre tiras de tela para que el animal tenga que buscarlo. Es el regalo que mejor funciona en pisos, en días de lluvia y con perros que se quedan solos por la mañana. Para la mordida está la cuerda de algodón de 68 centímetros, que aguanta lo que no aguanta el peluche, y el peluche elefante de Vitakraft para los que juegan suave.
El limpiador ocular de Artero no es un regalo emocionante y por eso lo pongo aquí: en razas de ojo saltón o pelo blanco es lo que se acaba antes de todo lo de la estantería.
Y una idea que no cuesta nada y funciona mejor que media lista: esconder el pienso de una comida por la casa, en cinco o seis sitios distintos, en vez de ponerlo en el cuenco. Es exactamente el mismo trabajo mental que la alfombra olfativa y sale gratis, así que si vas a regalar la alfombra, cuéntalo al entregarla.
Cerámica, acero y el cuenco que no se mueve
Además de la altura, en un comedero manda el material, y ahí hay tres ligas. El plástico es el que se raya y guarda olor, y es justo el que tiene casi todo el mundo porque venía con el kit del cachorro. El comedero de acero inoxidable de Trixie no absorbe nada y se lava con todo lo demás, y el de cerámica azul de la misma casa pesa lo suficiente para que el perro no lo empuje por la cocina mientras come.
Si en casa hay dos animales o quieres resolver agua y comida de una vez, el comedero doble elevado de Relaxdays y el tres en uno con base antideslizante van por ahí. Para el que vuelca el cuenco de un cabezazo, el elevado antivuelco de acero de Gardner Pet es el que aguanta, y el elevado de altura ajustable crece con el cachorro.
Y en automáticos, el de Trixie con temporizador sirve para quien trabaja a turnos, con una condición: sólo funciona bien con pienso seco.
Cachorro recién llegado, lo que de verdad hace falta
Es el momento en que más se agradece un regalo y en el que peor se compra, porque se compra todo con prisa y en la misma tarde. Lo que falta el primer mes es aburrido: un comedero que no sea el de plástico del pack, un bebedero decente, algo que entretenga solo y una alfombra que aguante los charcos.
El set de boles tres en uno con alfombrilla resuelve la esquina de la comida entera, y el antivoracidad para perro y gato de Edipets sirve si el cachorro ya come como si le fueran a quitar el plato. Para las horas en que se queda solo, la alfombra olfativa ocupa media hora larga y cansa de verdad, que es lo que hace falta para que no se dedique a los rodapiés.
Lo que no conviene regalar en esa primera semana es comida, ni siquiera premios: el veterinario acaba de pautar una dieta y cambiarla por un capricho de regalo trae más problema que gracia.
El felpudo, que es el regalo con gracia que sí se usa
Si el regalo tiene que abrirlo la persona y hacer gracia, el felpudo es la apuesta más segura de esta lista. Se ve todos los días, lo lee cada visita y no ocupa un hueco que la casa no tenga.
El felpudo de «cuidado con el perro» es el chiste clásico, con el perro que en realidad no da miedo a nadie. El felpudo de coco con huellas de Amaru va por lo decorativo y el de coco con silueta es el término medio. Si quieres subir un punto, el felpudo personalizado con la familia y las mascotas pone su nombre en la puerta, que es exactamente lo que quiere quien convive con uno.
Con el felpudo hay un detalle de material que conviene mirar antes: la fibra de coco a la intemperie se deshilacha bastante antes de lo que promete el catálogo, así que en una puerta a la calle y sin porche gana el que aguante la lluvia por encima del que quede mejor en la foto. Y si en esa casa entra y sale un perro con las patas mojadas, mejor todavía uno lavable.
Los calcetines de «el perro está en mis piernas, no puedo levantarme» son el detalle de diez euros que describe una escena que ocurre en esa casa cada tarde. Y la taza ilustrada de perro salchicha hace lo mismo en la cocina si la raza coincide. Para el friki de la casa, el collar de perro de Star Wars de Darth Vader es de los pocos regalos que le gustan a los dos.
Personalizado con su cara, el que no se tira nunca
Un objeto con su cara no compite con nada, porque no hay otro igual. Pide foto decente y unos días de margen, así que no vale para el regalo de última hora.
El retrato de tu mascota en lámina de arte es el que acaba colgado. La almohada con la forma de tu mascota y el cojín personalizado con foto recortan la silueta del animal y se quedan en el sofá. El marco de huella de Pearhead trae arcilla para hacer la impresión de la pata en casa, y la pulsera grabada con la huella es la versión discreta que se lleva puesta.
Un detalle que decide el resultado y no se menciona nunca: la foto de partida. Para un retrato o un cojín recortado hace falta una imagen con luz, de frente y con el hocico entero dentro del encuadre, y las fotos de móvil de un animal en movimiento casi nunca cumplen. Pedirla con tiempo, o hacerla tú un día que estéis los dos, cambia el resultado bastante más que elegir un taller u otro.
Hay una advertencia que conviene decir en voz alta: el marco de huella y el retrato son también el regalo que se hace cuando el animal ya no está. Si ese es el caso, mejor preguntar antes. Lo que consuela a una persona a otra le remueve el día.
El fondo entero está en regalos para mascotas, y si en esa casa además hay gato, la lista propia es regalos para amantes de los gatos.
Escrito por el equipo de Regalando, que revisa cada regalo antes de incluirlo en la lista.