Antes de elegir, seis comprobaciones
- Mira la saga antes que el género. Casi todo lo que se busca aquí es de una película concreta, no de «cine» en general.
- Comprueba el reproductor antes de comprar un 4K. Un UHD sólo se ve en un lector 4K y el Blu-ray normal se ve en cualquiera.
- Con figuras, cuenta las que ya tiene. La número treinta y uno se agradece la mitad que la primera de un personaje que le falta.
- Lo antiguo que le gusta gana a lo nuevo que está viendo. El cartel de hace treinta años se queda en la pared, la serie del momento no.
- La tarjeta de cine se compra en la cadena que tiene cerca. No sirven entre ellas y esa es la única letra pequeña que importa.
- Si hace cine y no sólo lo ve, cambia de estantería. El oficio se reconoce con material de oficio, no con merchandising.
La tarjeta de la cadena, y cuándo vale
Buena parte de quien busca esto acaba en una tarjeta regalo de Cinesa, Yelmo, Kinepolis u Ocine, y no es mala idea: son válidas durante meses, no obligan a elegir sesión y se compran en cinco minutos en la web de cada cadena. Nosotros no las vendemos ni cobramos por ellas, así que lo decimos sin interés de por medio.
Tienen dos pegas. La primera es que sirven en las salas de esa cadena y no en las demás, así que hay que mirar antes qué cine tiene cerca la persona. En ciudades medianas la cadena que hay es una sola y el problema desaparece. La segunda es que una tarjeta no se abre: si es el regalo principal de un cumpleaños, se queda corto por mucho que se use.
Lo que arregla las dos cosas de una vez es acompañarla de un objeto pequeño relacionado con la afición. Ahí es donde entra el resto de la página.
Lo que se le regala a quien ya lo ha visto todo
El cine en casa se ha vuelto el terreno más agradecido, porque casi nadie invierte en él para sí mismo. Una barra de sonido decente cambia una película más que subir de pulgadas, y unos auriculares con buen aislamiento son lo que permite ver algo a las dos de la mañana sin despertar a nadie: dos cosas del cajón de tecnología que se usan a diario aunque se compren por el cine.
La edición física sigue teniendo tirón entre quien colecciona, y precisamente por eso hay que hilar fino. Un 4K UHD sólo se ve en un reproductor 4K, que no todo el mundo tiene. Si no estás seguro, el Blu-ray normal se ve en cualquiera. Y las ediciones con libreto, storyboards o el corte del director se regalan bien porque son lo que la plataforma de streaming no da.
Después está el cartel. Una reproducción enmarcada de una película que significa algo para esa persona es de los regalos que más duran, y de los pocos que se pueden personalizar con una fecha discreta en el passepartout sin estropearlos.
Harry Potter es la saga que más se busca
De todo lo que se pide en esta categoría, la mitad lleva la palabra Hogwarts dentro, y conviene aprovecharlo porque además es el fandom con el catálogo más ordenado. La bufanda clásica de Hogwarts de Cinereplicas es la pieza con licencia que más se usa de verdad, porque abriga en enero además de decir de qué casa es.
Para casa, el felpudo de «Muggles Welcome» lo ve toda visita nada más entrar por la puerta. La taza Globe en caja de regalo cubre el detalle de menos de veinte euros sin que parezca un relleno. Y la bola de nieve del expreso de Hogwarts es el clásico de diciembre, el que se saca de la caja cada año sin que nadie se canse de mirarlo. En luz están la lámpara de la snitch dorada, que gira despacio como si de verdad hubiera que cazarla. Y la luz del patronus que se enciende con una varita es la que mejor entra en una habitación de adolescente, porque se activa con un gesto y no con un interruptor de pared.
Y para el que ya tiene todo lo grande, quedan las piezas pequeñas. El Funko de Dobby cubre al personaje secundario que casi nunca tiene su propia figura. El de Snape con su patronus añade la cierva plateada que sólo entienden quienes han leído el séptimo libro hasta el final. Y el cuaderno de viaje cierra el trío con algo que se usa de verdad en vez de quedarse en la estantería.
Star Wars, del Funko a la pieza de coleccionista
Es el otro fandom grande y el que más rango de precio admite, desde el detalle de diez euros hasta la réplica que se pone en una vitrina. En la franja de figura suelta, el Mandaloriano con Grogu es la pareja de personajes que reconoce hasta quien no ha visto una sola película de la saga original. El Grogu solo cuesta menos y sirve igual para quien sólo quiere el personaje pequeño encima del escritorio. La princesa Leia de Una nueva esperanza tira del cine clásico, el que casi nunca se agota en las listas de regalo. Y el Han Solo en carbonita añade el punto dramático de la escena congelada, la que cualquier fan reconoce sin leer el nombre en la caja.
Subiendo de tramo, el R2-D2 con el holograma de Leia es una escena entera y no un simple muñeco, con la princesa proyectada sobre el propio droide. El caza rebelde U-Wing de LEGO ocupa una tarde completa de montaje, el tipo de regalo que se disfruta antes incluso de terminarlo. Y el TIE Advanced de Darth Vader de The Vintage Collection va dirigido a quien colecciona en serio, con el nivel de detalle que sólo valora quien compara una figura con la anterior de la misma línea. En lo alto está el casco electrónico del soldado clon de la 332ª, que es regalo de grupo y no de detalle.
Funkos, cómo elegir uno que no sea otro más
La figura genérica del personaje principal la tiene todo el mundo, así que el acierto está en la variante rara o en la película que nadie le ha regalado. El Neo de Matrix tira del cine de finales de los noventa, la época que casi nadie cubre porque toda la atención va al estreno del momento. El Doc Brown con casco de Regreso al futuro añade el detalle del propio casco protector, algo que la figura genérica del personaje no suele incluir. Y el E.T. con las flores recupera una escena muy concreta de la película en vez del extraterrestre genérico que se vende en cualquier tienda de souvenirs.
En series y animación, el Mike Wheeler de Stranger Things es la apuesta más segura de la serie que más siguen los adolescentes desde hace años. La Sally de Pesadilla antes de Navidad en su treinta aniversario añade la edición conmemorativa que no se repite todos los años. El Luffy de One Piece apunta al manga y anime que más crece en España ahora mismo. Y el Zenitsu de Demon Slayer con posibilidad de chase suma el aliciente de la variante rara, la que convierte una figura normal en la pieza que se enseña primero. Y para el regalo infantil, el Woody de Toy Story es el que mejor entra a cualquier edad.
Un apunte que ahorra una compra repetida: en las cajas grandes de una misma saga, el chase es la versión rara que sale una de cada seis, y para quien colecciona esa es la diferencia entre un regalo y otro.
Claquetas y objetos del oficio
Es el objeto más buscado de toda esta página, y tiene su lógica: la claqueta no pertenece a ninguna película, así que regalarla no exige acertar un gusto. Es la tablilla de dos paneles que se golpean para dar la señal antes de una escena, la que se marca a tiza con la toma y la secuencia, y la que todo el mundo reconoce aunque no sepa cómo se llama. Eso la convierte en un comodín que sirve igual para quien estudia dirección en serio que para quien solo ve películas los domingos, y hasta para la mesa de alguien que ni siquiera es cinéfilo pero necesita un regalo con gracia.
Hay dos maneras de comprarla, y conviene distinguirlas antes de pagar. La claqueta profesional de Karells es la que se escribe con tiza de verdad y sirve para grabar, así que es la única opción de esta sección si quien la recibe hace cine y no solo lo ve. La acrílica con rotuladores es la versión de escritorio, pensada para decorar y no para rodar nada de verdad. Y el pack de cuatro claquetas de madera sirve para forrar una pared entera de una sola vez, sin tener que comprarlas de una en una.
En el mismo terreno, el portafotos con forma de claqueta convierte una foto cualquiera en un fotograma de verdad, con el marco reproduciendo hasta la tiza de las anotaciones. La estrella de la fama de Hollywood personalizada lleva grabado el nombre de quien la recibe, y es el regalo de broma con más recorrido de toda esta categoría porque aguanta la gracia años después de abrirlo.
Por debajo de diez euros la claqueta se hace pequeña y se vuelve accesorio. El colgante de claqueta en plata de ley tiene la barra superior articulada de verdad, así que se abre y se cierra igual que la de un rodaje real. El pin de esmalte con frase de película se pone en una solapa o una mochila y cabe en cualquier presupuesto de última hora. Y el reloj de sobremesa con forma de claqueta es justo lo contrario del regalo de oficina típico, porque se queda encima de la mesa en vez de acabar en un cajón el primer día. Para quien tiene que llevar tarjeta identificativa a diario, el portatarjetas retráctil con la misma tablilla convierte un accesorio obligatorio en uno con gracia.
Y si el destino es la nevera o la pared, hay opciones igual de baratas. El imán metálico con la claqueta clásica aguanta bien la lista de la compra pegada a la nevera sin despegarse con el tiempo. El adorno de fieltro con forma de galleta de jengibre y claqueta rompe la rutina de las bolas y los renos de cualquier árbol de Navidad. Y el cartel de aparcamiento personalizado para director de cine es la broma que más dura de toda la categoría, porque se queda colgada en el despacho o el garaje años después de que se entienda el chiste.
Cuando el regalo cabe en un bolsillo
Por debajo de los diez euros el cine también entra en el llavero. El llavero de cinematografía con cámara y bobina es el más genérico de los tres y precisamente por eso el que menos falla como detalle de última hora. El llavero de carrete personalizado con una inicial se estampa a mano letra a letra, así que ninguno sale exactamente igual al anterior. Y el llavero con carrete de fotos y canción personalizada mete un recuerdo real dentro de un bote reciclado, con una foto y una canción propias en vez de un diseño genérico de fábrica.
Hay dos que no siguen la fórmula habitual. El llavero hecho con fichas recicladas de un juego de trivial de cine reutiliza piezas de verdad de un juego de mesa descatalogado, así que no hay dos unidades exactamente iguales. Y el pisacorbatas con forma de carrete de película es la opción con más clase de toda la categoría, pensada más para una boda o una entrega de premios que para el uso diario.
Para el portátil o la nevera, la pegatina o imán de proyector de cine se pide en varios tamaños y acabados según dónde vaya a quedarse pegada. Y las tiras magnéticas con fotos propias en formato de rollo de película hacen el mismo servicio que un imán de recuerdo de viaje, pero con las fotos de quien las recibe en vez de un diseño ya hecho.
Carteles, láminas y el póster de rascar
Es lo que más dura de todo lo que hay aquí, porque se cuelga y deja de ser un objeto para ser parte de la casa. La lámina minimalista de Thelma y Louise convence incluso a quien no ha visto la película, porque el diseño geométrico se sostiene solo sin necesidad de reconocer la escena. El póster inspirado en Cluedo juega la misma carta con el misterio de la mansión, resuelto en formas simples en vez de una imagen literal.
Aparte va el póster interactivo de cien películas para rascar, que es el regalo con más recorrido de la página: cada casilla se rasca al ver la película, así que dura un año entero y se nota cómo avanza.
Y si busca algo más personal que decorativo, la lámina personalizada de cintas de vídeo VHS imita los lomos de un videoclub de los noventa con las diez películas que tú elijas. Es la única de esta sección que no vale para cualquiera: hay que conocer bien a la persona para saber qué diez títulos pondría en su propia estantería.
Lámparas y luz para la sesión en casa
Es la franja que mejor mezcla afición y decoración, y la que más se regala a partir de la adolescencia. La lámpara del Anillo Único es la más vistosa de la sección, con la inscripción élfica que se ilumina al encenderla. La caja de luz de Robin de One Piece apunta a quien sigue el manga capítulo a capítulo y reconoce al personaje sin necesitar el nombre escrito. Y la de Mikage de Blue Lock hace lo mismo del lado del fútbol y el anime deportivo, un fandom que crece rápido y todavía tiene poco merchandising en español.
Para el salón, el portabotellas de vino con proyector de cine es el objeto raro que de verdad convence, porque hace una cosa concreta y la hace bien.
Camisetas, calcetines y tazas del día a día
Es el tramo barato y el que más se repite, así que la gracia está en elegir la referencia que no tiene todo el mundo. La camiseta del logo de los Vengadores es la que más sale de las tres, el diseño discreto que no grita superhéroe a cualquiera que la vea. La de Rick y Morty le sigue de cerca entre quien ve más animación adulta que cine clásico. Y la de Goku cierra el podio para el público de manga y anime, cada vez más grande en España. Los packs de calcetines de Marvel llenan el hueco discreto que se ve poco y se usa mucho, el tipo de regalo que nunca sobra en Navidad. Y los de Disney hacen lo mismo para quien prefiere el catálogo familiar al de superhéroes.
En tazas, las personalizadas rinden más que las de licencia. La de estilo series y películas retro lleva el nombre de quien la recibe, y eso es justo lo que evita que acabe siendo una taza más entre las demás del armario. La retro de los años ochenta juega la misma carta con una estética distinta, la de los títulos de crédito de VHS en vez del diseño de serie actual. Para quien está detrás de la cámara y no delante, la taza y vaso Keep It Reel para directores viene también en versión térmica, pensada para aguantar rodajes largos.
Diarios, libros y una noche de puzzle
Para quien lleva la cuenta de lo que ve, el diario de cine para registrar películas es el regalo que se usa cada semana durante años. En lectura, Filmish explica el lenguaje del cine en formato de cómic, así que se lee en una tarde y enseña a mirar una película de otra manera. Y el libro ilustrado del universo Tim Burton es de esos que se quedan en la mesa del salón para hojear de vez en cuando, no para leer de una sentada.
Para jugar, el libro-juego de preguntas de cine clásico y moderno da para una sobremesa entera sin repetir pregunta. Y el puzzle de mil piezas de E.T. es la versión de tarde de domingo, la que se monta despacio con la tele de fondo.
Si hace cine, no sólo lo ve
Hay un cinéfilo distinto: el que estudia dirección, monta vídeos por afición o sueña con rodar algo propio. A un estudiante de cine o a un cineasta que empieza no le regalas lo mismo que a quien sólo ve películas. Le sirve más un libro de guion o de dirección de actores, una claqueta o un objeto que le recuerde el oficio en vez de la pantalla, y si el presupuesto da más, algo de equipo básico de grabación entra en tecnología. Es un regalo que se agradece más cuando reconoce el oficio y no sólo la afición de verlo.
Ojo con el merchandising
El merchandising de cine envejece raro. La taza de la serie del momento es graciosa en enero y en junio es una taza más, mientras que el cartel de una película de hace treinta años se queda en la pared para siempre. Cuando dudes, tira de lo antiguo que le gusta y no de lo nuevo que está viendo.
Escrito por el equipo de Regalando, que revisa cada regalo antes de incluirlo en la lista.