Regalos relajantes

El regalo relajante tiene el índice de abandono más alto de todos: el set de baño precioso que sigue precintado dos años después lo ha recibido casi todo el mundo. No es que la idea sea mala, es que se compra pensando en lo que la caja promete y no en el rato que la persona tiene libre.

Caja con la taza rosa, la vela, la bomba de baño y el jabón

Set de Taza, Vela y Baño de Rosas

Seis cosas por dieciséis euros y ninguna de relleno: taza de 340 mililitros con tapa, cuchara de acero, vela de soja, bomba de baño, jabón de rosa con su red y una tarjeta para rascar.

XVB

Portabotellas con farol para velas de té

Portabotellas con Farol para Velas de Té

A diferencia de los portabotellas escultóricos de esta misma categoría, este resuelve dos cosas a la vez: sostiene la botella y, en el mismo cuerpo, deja hueco para encender velas de té alrededor.

Empieza por el hueco, no por el producto

Quien llega a casa a las nueve y se sienta en el sofá no va a llenar la bañera. Para esa persona funcionan las cosas que se usan sentada y sin preparativos: una manta que abrigue de verdad, un masajeador cervical con calor que se pone encima de los hombros mientras ve algo, una infusión buena. Quince minutos y ningún montaje.

El baño largo, las sales y las velas son para quien ya tiene esa costumbre. Si la tiene, es un regalazo y se le acaba siempre; si no la tiene, tu regalo no se la va a crear.

El vale de masaje y su letra pequeña

«Regalar un masaje» es de las búsquedas más repetidas de este apartado y de las que peor acaban, por un motivo aburrido: la mayoría de los bonos caducan, y el que se regala en enero se recuerda en noviembre. Si te decides por uno, cómpralo en un sitio que la persona tenga cerca —el desplazamiento es lo que hace que no se canjee— y díselo con la fecha límite delante.

El aparato de casa juega en otra liga: no da lo que da un fisio, pero está disponible un martes a las once de la noche, que es cuando de verdad duele la espalda. Lo que declare cada fabricante sobre programas, calor o intensidades viene en su ficha, y es ahí donde conviene mirarlo en lugar de fiarse del titular de la caja.

Cuidado con lo que suena el regalo

«Relájate» es una palabra que se puede leer de dos maneras, y a alguien que está pasando una racha mala un kit antiestrés le puede sonar a diagnóstico. Se arregla con la tarjeta: si dice «para el domingo por la mañana» en vez de «te hace falta», el mismo objeto se recibe entero distinto.

Aromas, aceites y cosmética entran por el mismo sitio que el resto de belleza: el olor es personal y lo intenso molesta a mucha gente. Los cítricos y la lavanda suave son lo que menos se queda sin abrir.

Preguntas frecuentes

¿Qué regalo a alguien muy estresado sin que parezca una indirecta?

Algo que sea agradable por sí mismo y no un remedio: una manta buena, una taza y una infusión que le guste, unos auriculares. El regalo que se presenta como solución a un problema obliga a la otra persona a reconocer el problema.

¿Masajeador de cuello o pistola de masaje?

El de cuello, casi siempre, si es un regalo. La pistola la elige bien quien entrena y sabe qué quiere; el masajeador de cervicales con calor lo usa cualquiera desde el primer día y no hay que aprender nada.

¿Qué se regala para un baño relajante?

Sales, una almohada de bañera y una vela de las que no ahúman. Y comprueba antes que haya bañera: es la comprobación que más gente se salta y no tiene arreglo después.

¿Sirve como regalo para el Día de la Madre?

Sí, y de hecho es de lo que más se regala esa fecha. Está en regalos para una madre junto con el resto de opciones, aunque conviene no repetirlo dos años seguidos: es el clásico que más se acumula sin usar.

¿Cuánto hay que gastarse para que se note?

Poco, si eliges bien. Una vela decente o unas sales buenas están por debajo de veinte euros y se usan más que un set enorme de diez productos, que es justo el formato que se queda a medias.