Lo que falla siempre es comprar por la foto
Casi todo lo que se vende para gatos está fotografiado con un gato encima, y ese gato es un actor. El animal de verdad decide por su cuenta, y decide rápido: en los primeros dos días o el objeto entra en su ruta diaria o deja de existir.
Eso descarta una familia entera de regalos, la del cachivache bonito. La camita con forma de aguacate, la casita de fieltro, el túnel de colores. No es que sean malos, es que compiten con una caja de cartón vacía y suelen perder. Lo que sí gana es lo que resuelve un problema que la casa ya tiene, y en una casa con gato los problemas son tres: el sofá, el aburrimiento de las cinco de la tarde y el pelo.
La banda cómoda para este regalo es amplia. Menos de 20 euros da para el detalle bueno, un juguete de los que enganchan o una tanda de snacks, y de 20 a 50 es donde están los rascadores serios y los comederos que duran. Por encima de eso ya se entra en mueble, y el mueble conviene consultarlo antes.
El rascador es el regalo que salva un sofá
Si vas a acertar una sola vez, acierta aquí. Un gato araña porque tiene que arañar, y la única pregunta es sobre qué. Regalar un rascador es regalarle a la persona un mueble menos destrozado, y eso se agradece durante años.
La clave es que el poste aguante el peso del animal estirado. El rascador vertical de 68 centímetros en forma de L da esa altura sin ocupar más que una esquina, y el rascador de pared Fukumaru de 154 centímetros resuelve el mismo problema en vertical para pisos donde no sobra suelo. El rascador vertical de esquina Conlun va justo donde el gato ya araña, que es la pared del rincón.
Si quieres el regalo grande, el árbol Feandrea XXL y la torre Heybly de 180 centímetros son muebles de verdad, con cuevas y plataformas para dormir arriba, que es donde un gato quiere estar. Para casas pequeñas, el árbol de 65 centímetros con cesta de dos pisos da lo mismo en menos espacio.
Y en el tramo barato están los de cartón, que son el consumible de esta categoría: se destrozan y se sustituyen. Los rascadores de cartón de Amazon Basics, el rascador casa de Fukumaru y el de forma de silla de Gimars valen para eso. El rascador Heybly con cepillo de autoaseo añade la parte del pelo, que es el otro problema de la casa.
Los juguetes que no acaban debajo del sofá
Un gato de piso caza tres veces al día aunque no haya nada que cazar. El juguete bueno es el que le da esa escena, no el que hace ruido.
Los interactivos son los que más duran porque se mueven solos y el animal no controla el patrón. El juguete con control remoto de Neovsuny permite jugar desde el sofá, la pelota eléctrica con cola de plumas se enciende sola al detectar movimiento y el de pluma con luz led funciona para los que sólo reaccionan al punto de luz.
Lo clásico también funciona si lleva hierba gatera dentro. El juguete de pájaro con catnip y los juguetes de hierba gatera y valeriana de Osdue son el regalo pequeño con más porcentaje de acierto de toda la lista, porque la valeriana engancha incluso a los gatos que ignoran el catnip. Si prefieres cantidad, el set de dieciséis juguetes de Goldge cubre el año entero y la caña con ratón de Arquivet es la que se usa cuando hay visita y alguien quiere hacerse el simpático.
La comida y el agua, donde se nota el cacharro malo
Es la parte que nadie regala y la que más se usa, tres veces al día todos los días. Un gato bebe poco por naturaleza y el agua parada le da igual, así que una fuente de acero inoxidable de dos litros y medio le hace beber más simplemente porque se mueve. El acero, además, no cría la película que sale en las de plástico.
Para la comida, el comedero automático Anykuu de cuatro litros graba un mensaje de voz que suena a la hora de comer, que es la solución para quien trabaja fuera y no llega a la cena del gato. Y el comedero tres en uno de Pecute junta agua, pienso y base antideslizante en una sola pieza, que es lo que evita el charco diario en el suelo de la cocina.
Los snacks Churu de Inaba merecen un párrafo aparte porque son la moneda de cambio de cualquier casa con gato: se dan a mano, en tubo, y sirven para que el animal se deje cortar las uñas. La versión antibolas de pelo hace lo mismo con la excusa de la fibra.
Para el humano, que también existe
Todo lo de arriba se lo queda el gato. Si el regalo tiene que abrirlo la persona y verse a sí misma dentro, el registro cambia y aquí es donde funciona el objeto con gracia.
La taza de gato con frase del Kraken es el detalle de menos de veinte euros que mejor envejece, porque el chiste está en la frase y no en la forma, y la taza con tapa y cuchara es la misma idea para quien se lleva el café a la mesa. El delantal de cocina con estampado de gato cómic y su versión personalizable son de los pocos regalos temáticos que se usan a diario sin que dé vergüenza.
Para quien además lee, el marcapáginas Curious Cat de Balvi asoma la cabeza por arriba del libro, el marcapáginas con forma de gato juega la misma carta más barata y la funda de libro de gato negro y luna protege el tomo en el bolso. En decoración, el cojín con forma de gato en tres dimensiones y el peluche amigurumi de gatito son el regalo blando que se queda en el sofá.
Lo personalizado con su gato es el que se guarda
Es la categoría que más emociona y la que más cuidado pide, porque hace falta una foto decente y unos días de margen.
El retrato de tu mascota en lámina de arte es el que acaba enmarcado en el pasillo. La almohada con la forma de tu mascota y el cojín personalizado con foto llevan la misma idea al sofá, con el recorte de la silueta del animal. El marco de huella de Pearhead trae el kit de arcilla para hacer la impresión de la pata en casa, y la pulsera grabada con la huella es la versión que se lleva puesta. Los llaveros de pareja de gato cierran la lista por abajo, para el detalle de cinco euros que igualmente hace gracia.
El resto del fondo está en regalos para mascotas, que es la misma casa vista desde el otro lado: lo que se le compra al animal en vez de a quien lo cuida.
Escrito por el equipo de Regalando, que revisa cada regalo antes de incluirlo en la lista.