Seis cosas que decides antes de comprar
- Si vive sola o acompañada. Cambia entero lo que tiene sentido regalar y quién va a ayudar a usarlo.
- Cómo anda de vista y de manos. Es lo que decide si un libro normal se lee o se queda en la mesilla.
- Si tiene sitio. En un piso pequeño o en una habitación de residencia, lo grande es un problema con lazo.
- Que se use sentado. Casi todo el día transcurre en la misma butaca, y ahí es donde el regalo tiene que funcionar.
- Sin cuentas ni contraseñas. Lo que hay que configurar es un regalo para quien lo instala, no para quien lo recibe.
- Lo personalizado gana a lo caro. Un objeto con los nombres de la familia vale aquí más que cualquier marca.
Antes de elegir, tres preguntas que ahorran el error
La primera es si vive sola o acompañada, porque cambia entero lo que tiene sentido regalar. La segunda es cómo anda de vista y de manos, que es lo que decide si un libro normal se lee o se queda en la mesilla. Y la tercera es si tiene sitio, ya que en un piso pequeño o en una habitación de residencia el objeto grande es un problema disfrazado de regalo.
Con esas tres respuestas la lista se acorta sola. Sin ellas se acaba comprando lo de siempre, que es lo decorativo, y lo decorativo es justo lo que se agradece una vez y no se vuelve a mirar.
Lo que se usa cada día gana a lo que se coloca
Es el criterio que más rinde en toda esta página. Un objeto que entra en una rutina se convierte en parte del día en dos semanas, y uno que se coloca en una estantería se convierte en polvo.
Los masajeadores son el ejemplo más claro, y funcionan porque se usan sentado y viendo la tele, que es cuando hay tiempo. El masajeador de pies inalámbrico Comfytemp y el masajeador shiatsu con calor de KNQZE cubren el caso más habitual, y el asiento de masaje con calor de Comfier se pone sobre la butaca que ya tiene sin ocupar sitio nuevo. Las mantas pesadas van por el mismo camino: la de ocho kilos de Good Nite es la de entrada y la de once kilos de WOLTU para quien ya sabe que le gusta la sensación.
Para moverse un rato sin salir de casa, los pedales estáticos con pantalla se colocan delante de una silla y llevan la cuenta del tiempo y las vueltas, con la resistencia regulable a mano según describe el fabricante. Hay más en relajación.
Manos y cabeza ocupadas, que es lo que de verdad se pide
Se trata a los puzles y a los pasatiempos como un regalo de segunda y es justo al revés: son de lo poco que ocupa las manos y la cabeza a la vez, y eso es exactamente lo que se busca a esta edad.
Lo importante aquí es el tamaño de la pieza y de la letra, no el tema. Los tres puzles de piezas grandes con tarjetas de conversación son de los pocos productos del catálogo pensados desde cero para esta edad y no adaptados desde otro público: sesenta piezas que se cogen sin pinzar, una lámina que se termina de una sentada y nueve tarjetas con preguntas para acompañar. Los pasatiempos en letra grande sobre la España de 1950 a 1990 son más de doscientos y están construidos alrededor de cosas reconocibles de esa época, así que resolverlos tira de memoria propia y no sólo de vocabulario.
Si prefieres subir el reto, el puzle de 1000 piezas del jardín del Fuji y el de «cálido hogar» cubren un fin de semana y el de 5000 piezas del mapamundi histórico es de los que duran meses. Y en lectura, los relatos cortos en letra grande sobre la España de antes y los cuentos ambientados en los años ochenta se cierran en pocas páginas cada uno, así que se retoman sin haber perdido el hilo. Los relatos de lectura fácil para ejercitar la memoria van un paso más allá y traen preguntas al final de cada uno.
Y un accesorio que cambia mucho la escena: el soporte de libros para leer sin usar las manos sostiene el peso del libro en el regazo, que es lo que acaba cansando cuando la lectura se alarga.
Tamaño de letra y volumen, donde falla el catálogo normal
Aquí está la diferencia real entre esta página y una lista de regalos cualquiera. Hay una familia entera de productos que existe sólo por este motivo y que casi nadie mira al buscar un regalo.
El reloj parlante con números grandes dice la hora en voz alta con un botón, la fecha con otro, y el fabricante indica que la pila dura un año, así que no hay que estar pendiente de cargarlo. El reloj de pulsera parlante analógico lleva la misma idea a la muñeca. El teléfono móvil de teclas grandes de Panasonic resuelve el problema clásico de regalar un smartphone que luego nadie usa, con teclas retroiluminadas y compatibilidad con audífonos según especifica el fabricante.
Y en el terreno de lo cotidiano, el calzador retráctil de setenta centímetros permite ponerse los zapatos sin agacharse y viene por pares para dejar uno en casa y otro en la bolsa de viaje. Es de esos regalos que no lucen nada al abrirse y se usan todos los días.
Movilidad, y el regalo que evita un gesto
Es la familia que más se agradece y la que menos aparece en las listas, porque no parece un regalo. Y sin embargo, cualquier objeto que evite agacharse, forzar la espalda o pedir ayuda para algo cotidiano se usa todos los días desde el primero.
El calzador de medias de compresión resuelve una de las tareas más incómodas del día para quien las lleva por prescripción, y la sandalia de rehabilitación con velcro se abre entera, que es lo que hace falta con un pie hinchado o vendado. El bastón de madera con mango de latón tiene además la ventaja de no parecer material sanitario, que en un regalo pesa más de lo que parece.
Para mover las piernas sin salir de casa, el ejercitador de piernas eléctrico hace el trabajo cuando la movilidad es reducida, y el masajeador inalámbrico de pies y piernas con compresión es el que mejor sienta después de un día sentada, sobre todo con las piernas cansadas o hinchadas. Lo que cada fabricante indique sobre uso, intensidades y contraindicaciones viene en su ficha, y con cualquier duda de salud la conversación es con su médico.
Seguridad, el regalo del que nadie habla
Hay dos objetos en esta página que no se compran por ilusión sino por tranquilidad, y suelen regalarlos los hijos. El reloj con botón SOS avisa a un número marcado de antemano con una pulsación, y funciona bien cuando la persona vive sola y está de acuerdo en llevarlo, que es la condición que hay que hablar antes.
El colgante identificativo para personas con demencia es el otro, y ahí conviene la franqueza: no es un regalo bonito, es una precaución que se agradece el día que hace falta. Se graba con el nombre y un teléfono y se lleva como cualquier otra cadena.
Los dos se regalan mejor acompañados de otra cosa, para que el paquete no sea sólo un recordatorio de la edad.
Mantas y el sillón donde pasa el día
Es el sitio real donde transcurre la tarde en casi todas estas casas, y por eso lo que mejora esa butaca rinde más que cualquier objeto de otra habitación. La manta pesada de sherpa de siete kilos es la de invierno, con el aviso de siempre sobre el peso, que se calcula alrededor del diez por ciento del peso corporal.
Para el aire de la habitación, el humidificador y difusor Cecotec sube algo la humedad en invierno con la calefacción puesta, que es cuando peor se respira, y el difusor de aceites esenciales en metal hace lo propio con un aroma suave. En los dos casos gana el modelo que se maneja con un botón y no con una aplicación.
Personalizar pesa más a los ochenta que a los treinta
Un objeto con los nombres de la familia dentro vale aquí bastante más que uno caro sin ellos, y es la única categoría de esta página donde lo emotivo gana a lo útil sin discusión.
El árbol de la vida personalizado con los nombres mete a la familia entera en un objeto pequeño de encima de una mesa. La luz nocturna grabada con «la mejor abuela del mundo» hace lo mismo con algo que además se enciende cada noche. Y la caja de joyas de madera tallada con el árbol de la vida es la que mejor combina las dos cosas, porque se usa a diario y no es sólo un adorno.
Si vive en una residencia
Cambian dos cosas y las dos importan. La primera es el espacio, que ahí es una habitación y no una casa, así que todo lo grande queda descartado de entrada. La segunda es que gran parte del día transcurre en una butaca y en una sala común, y eso favorece lo que se puede usar sentado y sin montar nada.
Lo que mejor encaja son los pasatiempos y los relatos en letra grande, los puzles de piezas grandes, una manta que sea suya y se reconozca entre las demás, y lo personalizado con los nombres de la familia, que además de regalo hace de recordatorio de quién ha venido. Conviene preguntar antes en el centro por lo que lleve enchufe o mando, porque cada residencia tiene sus normas y varían bastante.
Qué falla casi siempre
Falla la ropa, y por la razón de siempre más una propia: además de la talla, hay que acertar con cómo se abrocha, y una prenda bonita que cuesta ponerse acaba en el armario sin estrenar.
Falla el aparato con menú. Cualquier cosa que exija configurar una cuenta, actualizar una aplicación o recordar una contraseña se convierte en un regalo para quien lo instala, no para quien lo recibe. Si el aparato hace falta, lo que hay que regalar es el aparato dejado listo y funcionando, no la caja.
Y falla lo decorativo, que es lo que más se compra. Un jarrón o una figura obligan a encontrar sitio en una casa que ya está decidida hace cuarenta años, y la persona que lo recibe lo agradece con la misma educación con la que lo guarda.
Escrito por el equipo de Regalando, que revisa cada regalo antes de incluirlo en la lista.