¿Qué regalar a alguien de tecnología?
Lo que está al lado del aparato, no lo que lo sustituye: la consola ya la tiene, lo que le falta es dónde dejar los mandos, así que una lámpara de iconos de PlayStation o un soporte con luz y puertos de carga acierta más que otro juego. Para quien trabaja en un ordenador, un cargador plegable que recoge el móvil, el reloj y los auriculares en una base, o un kit de limpieza de teclado, resuelven lo que nadie se compra y todo el mundo necesita. La franja útil arranca en la decena de euros y se agota antes de los cincuenta, por encima ya se empieza a competir con lo que la persona se compraría sola y con criterio propio. Si no conoces su equipo, lo seguro es lo que no depende de marca ni sistema, almacenamiento, iluminación, sonido pequeño y portátil. Y con dudas de compatibilidad de fundas o cargadores, mejor preguntar y perder la sorpresa que acertar el detalle y fallar el enchufe.
Cinco comprobaciones que evitan el regalo devuelto:
- ¿Depende del modelo exacto? Fundas y cargadores de móvil son la primera causa de cambio en esta categoría. Un soporte de auriculares vale con cualquier casco, y una funda vale con un teléfono y con ninguno más.
- ¿Compite con algo que ya eligió? El aparato principal se lo compra él o ella, con criterio y comparando. Lo que rodea al aparato no lo compra nadie, y es donde está el hueco.
- ¿Cabe en la mesa que tiene? Un soporte cuatro en uno se sujeta con pinza al canto del tablero, así que conviene mirar antes el grosor si el escritorio es de los gruesos.
- ¿Se enciende sin instalar nada? Lo que pide cuenta, aplicación o actualización se abre el día de Reyes y se termina de configurar en marzo. Una lámpara se enchufa y ya está.
- ¿Es para un niño? Entonces el regalo se lo llevan dos personas, y lo que hay que leer es la letra pequeña: un smartwatch infantil necesita tarjeta SIM aparte para que las llamadas funcionen.
Por qué esta lista no empieza por un móvil
Los regalos que funcionan en tecnología son los que están al lado del aparato, no los que lo sustituyen. La consola ya la tiene. Lo que no tiene es dónde dejar los mandos. El ordenador ya está sobre la mesa. Lo que falta es que la taza no acabe encima del teclado.
Por eso esta categoría empieza donde empieza: cacharros de entre diez y cincuenta euros que se colocan en un escritorio, en una estantería o en una mochila y se usan a diario. Es la franja donde un regalo de tecnología acierta sin necesidad de conocer las especificaciones exactas de nada.
El rincón gamer se regala más que la consola
Quien juega tiene un espacio, y ese espacio se decora. Es lo que más se busca de todo este tema, y también donde es más difícil equivocarse: la habitación admite una lámpara más, mientras que un juego repetido no.
La lámpara de iconos de PlayStation de Paladone es el clásico del asunto, con tres modos de luz y uno que según el fabricante reacciona a la música. De la misma familia hay una versión en neón LED plano para colgar de la pared, otra lámpara de la misma serie y un letrero con forma de mando de nueve modos de color para quien prefiere el cartel a la lámpara.
Después está lo que ordena la mesa. Un soporte de auriculares con luz y puertos de carga sostiene el casco y libera la superficie donde antes estaba todo apilado, y su versión con organizador de cables resuelve además la maraña de detrás. El soporte cuatro en uno hace lo mismo con la taza, el móvil y los cables, y se sujeta con pinza al canto de la mesa. Para el mando suelto, el soporte de Call of Duty con la Monkey Bomb es de los pocos que se sostienen solos en una estantería.
La alfombrilla es la otra pieza que cambia la mesa entera: la XXL de noventa por cuarenta cubre teclado y ratón de una vez, y la ergonómica con reposamuñecas es la que se agradece a partir de la cuarta hora.
Para el escalón pequeño, un agarre para el móvil de estética recreativa o una funda con la evolución de los videojuegos valen como detalle suelto, con la advertencia de siempre en fundas: hay que saber el modelo exacto del teléfono. Y si lo que hay detrás es una afición muy concreta, un juego, un anime o una saga, la página que afina de verdad es regalos para un friki, donde el criterio es otro y donde viven la maceta de la Estrella de la Muerte y la mochila enrollable de Evangelion.
Programar es el oficio con más merchandising malo del mundo. Lo que se salva es lo que se usa mientras se trabaja: una alfombrilla extragrande con los comandos de Linux impresos y agrupados por bloques ocupa ochenta centímetros de mesa, cabe el portátil encima y resuelve la consulta sin abrir otra pestaña.
El otro acierto silencioso es un kit de limpieza de teclado, con cepillo retráctil y extractor de teclas en una caja pequeña. Nadie se lo compra y todo el mundo lo necesita, que es más o menos la definición de un buen regalo barato. En la misma línea está la estación de acoplamiento para discos SSD M.2, que es el cacharro que se pide prestado en toda la oficina.
Si lo que buscas es el detalle con chiste que sí se usa, el llavero con dijes de teclado y ratón, el llavero abrebotellas grabado para ingenieros y el reloj digital binario son los tres que aguantan años sin cansar. Y en camiseta, la de programación en Python, la de CPU y la retro gamer se llevan de verdad y no se quedan en el cajón, que es más de lo que se puede decir del merchandising medio.
Si la idea es un detalle para la mesa de un compañero, regalos para la oficina lo desarrolla entero.
Los cargadores son el regalo aburrido que sí se usa
Hay una categoría de gadget que nadie pide y todo el mundo agradece: la que quita cables de la mesilla. Un cargador plegable tres en uno recoge el iPhone, el reloj y los auriculares en una sola base que se dobla para el viaje, y el tres en uno de sobremesa hace lo mismo sin plegarse, para quien no lo va a mover de la mesilla. Si se busca lo más sencillo posible, el cargador inalámbrico de 15 W con luz sustituye a un cable y a nada más, que a veces es exactamente lo que se pide.
En la misma línea, un altavoz por inducción con soporte para el móvil empieza a sonar apoyando el teléfono encima, sin emparejar nada, y el tres en uno con soporte añade la carga. Son regalos poco lucidos de abrir y muy usados a partir del día siguiente, que es justo el orden que interesa.
Gadgets de escritorio, que es donde vive el regalo de veinte euros
Cuando alguien busca «gadgets para regalar» casi nunca busca un aparato: busca el objeto pequeño que hace algo curioso encima de una mesa. Es la franja más agradecida de esta página porque no compite con nada y no obliga a nadie a instalar nada.
Las estaciones de acoplamiento de madera son el ejemplo perfecto: recogen el móvil, las llaves, el reloj y la cartera en una pieza que parece de decoración, y existe la versión con cajón para quien además quiere esconder el desorden. El termo con pantalla LED que marca la temperatura es el gadget que más veces se enseña a las visitas, y el humidificador compatible con Alexa el que más se acaba usando a diario.
Para quien tiene una afición con instrumentos, el multímetro digital con pinza y el calibre digital de 150 milímetros son regalos de precisión que se usan durante años y cuestan lo que una cena. Y para el que trastea con fotos, la impresora portátil Kodak Mini 2 y el kit de iluminación con softbox cubren los dos extremos, el de imprimir y el de tomar.
El regalo grande de esta sección, cuando el presupuesto da, es el LEGO Game Boy de Nintendo: se monta una tarde y se queda en la estantería, que son las dos cosas que se le piden a un regalo caro de tecnología.
Tecnología para niños, con la letra pequeña delante
Aquí el regalo se lo llevan dos personas: el niño lo abre y los padres lo administran. Merece la pena leer las condiciones antes de comprar, porque casi todas estas cosas piden algo que no viene en la caja.
Un smartwatch infantil con llamadas y botón SOS es la alternativa habitual a dar un móvil a los siete u ocho años, y el fabricante indica que necesita una tarjeta SIM compatible con red 2G para que las llamadas funcionen. Una cámara instantánea infantil imprime en el momento sin tinta ni cartuchos, en blanco y negro, y trae tarjeta de memoria incluida, que es lo que la salva de quedarse a medias el mismo día.
Para las edades siguientes, el terreno cambia bastante y está en regalos para un adolescente.
Regalos electrónicos para hombre y para mujer
Es como más se busca este tema, con diferencia, y es la parte donde la etiqueta ayuda menos. Un soporte de auriculares no tiene género. Lo tiene la persona que juega cinco tardes por semana. La pregunta que sí ordena la compra es de qué está llena su mesa: consola, portátil de trabajo, mesilla con tres cables o mochila.
Dicho eso, hay un patrón real detrás de las dos búsquedas y conviene aprovecharlo. Quien busca «regalos electrónicos para hombre» suele acabar en lo de escritorio y en lo de taller, la estación de acoplamiento de madera, el multímetro, el soporte del mando. Quien busca la versión femenina termina más a menudo en lo que se lleva encima o se ve en la casa, el termo con pantalla, el humidificador, la impresora de fotos de bolsillo. No es una regla, es lo que pasa, y sirve como punto de partida cuando no hay más pistas.
Si prefieres partir de ahí, regalos para él y regalos para ella están montadas justo con ese criterio, y cruzan la tecnología con todo lo demás.
Cuando el aparato es para una persona mayor
Es el caso donde la tecnología deja de ser un capricho y pasa a resolver algo, y también donde peor funciona regalar lo último. Lo que se agradece es lo que se entiende sin manual.
Un teléfono móvil de teclas grandes sigue siendo el regalo más útil de toda esta página para esa franja, y un reloj con botón de emergencia es el que tranquiliza a la familia. Para quien viaja o tiene familia fuera, el traductor de voz Vasco V4 funciona sin depender del móvil de nadie. Hay más criterio en regalos para personas mayores.
Cuánto cuesta acertar
La franja útil de esta categoría arranca en la decena de euros y se agota antes de los cincuenta. Por menos de veinte euros entran los detalles de escritorio y la decoración pequeña. Entre veinte y cincuenta están los soportes, los cargadores y la mayoría de las luces. Por encima se empieza a competir con lo que la persona se compraría sola, y ahí las probabilidades bajan.
Qué regalar a alguien que ama la tecnología
Con un aficionado de verdad hay un riesgo que no existe con los demás: que ya lo tenga, o que tenga una versión mejor. Por eso el acierto rara vez está en el aparato principal, que se lo compra él mismo y con criterio, sino en lo que rodea a ese aparato y nunca se prioriza.
Accesorios que casi nadie se compra
Cargador rápido de varios puertos, cables buenos con funda trenzada, batería externa, hub para el portátil, soporte de sobremesa, funda de transporte. Son los objetos que estropean la experiencia cuando son malos y que sin embargo se dejan siempre para después.
Lo que no falla aunque no sepas qué tiene
Si no conoces su equipo, la vía segura es lo que no depende de marca ni de sistema: almacenamiento, iluminación de escritorio, sonido pequeño y portátil, o una tarjeta de saldo para su tienda de aplicaciones. Y si hay dudas de compatibilidad, mejor preguntar y perder la sorpresa que acertar el detalle y fallar el enchufe.
Escrito por el equipo de Regalando, que revisa cada regalo antes de incluirlo en la lista.