
Calcetines de Jubilación «Ahora curráis vosotros»
Calcetines de algodón con el chiste impreso en la planta del pie: puestos y con las piernas en alto se lee «Estoy jubilada, ahora curráis vosotros». Vienen en su caja de regalo.
Meflipa
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Calcetines de algodón con el chiste impreso en la planta del pie: puestos y con las piernas en alto se lee «Estoy jubilada, ahora curráis vosotros». Vienen en su caja de regalo.
Meflipa

La mayoría de regalos de jubilación de este catálogo van por el lado de "por fin libre" o "a descansar", y esta camiseta apunta a otro sitio: "mi plan de jubilación" es la moto en sí, no el sofá.
Regalos Bikers & Motoristas Pensionistas

Talla única elástica, así que sirven igual para el compañero que se jubila que para la jefa que lleva treinta años aguantando reuniones. Se acabó preguntar el número.
MEFLIPA

Decir adiós a un compañero de trabajo tras décadas al pie del cañón se merece algo más especial que el típico sobre blanco con billetes.
ThingsIloveDE

Una versión moderna del clásico juego de apuestas de bazas (el que en algunas casas se llama «la pocha» o «la podrida»), con el añadido de cartas de misión que hacen que cada partida sea distinta a la anterior. Ganó el Gran Premio del Juguete en 2025, un reconocimiento dentro del sector de los juegos de mesa.
ATM Gaming

Decir adiós al ritmo laboral se merece un homenaje que esté a la altura, y entregar un sobre aburrido no suele dejar mucha huella.
HolzteilchenDIY

Una pistola de masaje con un detalle que la mayoría no tiene: uno de los siete cabezales calienta, y a tres temperaturas distintas.
AERLANG

Decir adiós a la rutina laboral se merece algo más que una tarjeta firmada con prisa a última hora.
MyBlueSnowflake

No es un juguete para jugar, sino para tener a la vista: 421 piezas que reconstruyen la Game Boy original al detalle. Viene con soporte para exponerla de pie, como una pieza de coleccionista.

Para quien ya tiene alguna herramienta Einhell de la gama Power X-Change (o está a punto de empezar), este kit trae una batería de litio de 4,0 Ah y su cargador rápido, compatible con todo el sistema. Es el tipo de regalo que se agradece de verdad porque resuelve un problema real: quedarse sin batería a la mitad de un trabajo.
Einhell

Un maletín de investigación, no un tablero. Dentro van periódicos, informes forenses, fotografías, registros telefónicos y grabaciones de interrogatorios reales, todo pensado para reconstruir el caso desde cero, como haría un detective de verdad.
Crímenes Imperfectos

Un humidificador ultrasónico que hace dos cosas a la vez: suelta un vapor frío continuo que ayuda contra el ambiente seco y funciona como difusor de aromas si se le añaden unas gotas de aceite esencial en el depósito. El acabado de madera oscura no tiene pinta de aparato médico, más bien de objeto de decoración.
Cecotec

Un juego de mesa en español pensado para animar cualquier reunión: hay que adivinar canciones icónicas, recordar letras y tararear temas, con más de 500 canciones en la baraja. Va de 2 a 10 jugadores, así que sirve tanto para una tarde en pareja como para juntar a un grupo grande.
ATM Gaming

Cumple dos funciones a la vez: humidifica el ambiente con vapor frío y, con unas gotas de aceite esencial, funciona como difusor de aromas. El depósito es de 300 ml, para estancias de hasta 15 m².

La caja de spa es el regalo que se hace cuando se sabe que la persona no va a reservar nada por su cuenta. Y funciona precisamente por eso: la obliga, con cariño, a poner una fecha en el calendario.
Smartbox

El objetivo es librarse de todas las cartas antes que nadie, pero la mecánica que engancha es otra: cuando dos jugadores destapan el mismo símbolo, gana quien agarre primero el tótem de madera del centro de la mesa.
Asmodee

La mayoría de juegos de mesa están pensados para grupos, y quien busca algo para jugar solo con su pareja o un amigo se encuentra con pocas opciones que no sean el ajedrez o las cartas de siempre. 7 Wonders Duel está diseñado desde cero para dos jugadores, no es una adaptación de un juego más grande.
Asmodee

Se inspira en un viaje real: cuando el rey Manuel I de Portugal visitó la Alhambra y volvió tan impresionado que mandó decorar su propio palacio con azulejos parecidos.
Asmodee

Una caja con un bono dentro, sin precio impreso, que da derecho a un circuito termal, un spa o un masaje para dos personas a elegir entre unas 3.300 actividades por España y Europa.
Smartbox

No hay tablero fijo. Cada jugador saca una loseta al azar y decide dónde encajarla, así que caminos, ciudades, monasterios y campos van creciendo distinto cada vez que se abre la caja.
Devir

Dos cajas de herramientas en un mismo pack, de 32 y 48 centímetros, para separar lo pequeño (destornilladores, brocas, tornillería) de lo grande (taladro, sierra, nivel) en vez de amontonarlo todo en un cajón. Los cierres son de metal, más resistentes que los de plástico que se acaban partiendo con el uso.
Stanley

Coleccionar cartas de vagón para reclamar rutas de tren de un extremo a otro de Europa, de Edimburgo a Constantinopla, cruzando túneles suizos y ferris por el Mar Negro.
Asmodee

Con más de 6100 experiencias entre masajes, cenas de tapeo, buceo y otras actividades repartidas por Europa, esta caja es la opción más económica de las experiencias para dos que se pueden regalar en formato caja regalo.
Smartbox

Durante las fiestas de un pueblo, una muerte que parecía un accidente resulta no serlo.
Hidden Games

Una caja con forma de botiquín con diez envases que simulan medicamentos reales, rellenos en realidad de golosinas, pensada como broma para quien cumple 40, 50 o 60 años.
GOLOSIN

Un juego de cartas de estrategia donde cada jugador va construyendo distritos para levantar la mejor ciudad medieval, usando las habilidades de ocho personajes distintos que cambian de ronda en ronda. Cada partida dura unos 45 minutos y admite de 2 a 7 jugadores, así que se adapta lo mismo a una tarde de dos personas que a una reunión de siete.
Asmodee

Veinte euros, dos personas y una tarde en una bodega con denominación de origen. Es la caja de experiencias que mejor resiste la pregunta de si vale lo que cuesta.
Smartbox

Cada jugador hace de comerciante en el mercado de Jaipur, comprando y vendiendo especias, telas y camellos para acabar la partida con más ganancias que el rival. Es un juego de cartas, sin tablero que montar, y una partida dura media hora larga.
Asmodee

El mensaje no cabe entero en una sola copa, se reparte entre las dos: «por las aventuras que nos esperan y los brindis que nos quedan».
Mr. Wonderful

Mil ochocientas preguntas repartidas en tres mazos, con la mecánica del Trivial de toda la vida: dado, categorías por color y quesitos.
Winning Moves

Seis funciones en un único objeto: carga el móvil, el reloj, los auriculares, y de paso hace de altavoz. Sustituye a media mesita llena de cargadores sueltos.
karidi

La versión en cartas de Catan, un juego independiente que no necesita el tablero original: 110 cartas, instrucciones en español y partidas de unos 30 minutos para 2 a 4 jugadores.
Devir

La caja de entrada al catálogo de Smartbox: un bono sin precio impreso, canjeable por una actividad para una o dos personas.
Smartbox

Un edificio de apartamentos, una llamada a la policía, y un vecino que parece de lo más normal escondiendo algo mucho peor. El grupo decide qué piso registrar primero, sabiendo que el culpable puede seguir dentro.
Hidden Games

Dos copas de cuarenta y cinco centilitros cada una, en cristal de Bohemia con grabado láser, dentro de un estuche de veintitrés por veinticinco por once centímetros listo para regalar.
Wanapix

Una noche fuera con desayuno incluido, a elegir entre dos mil ochocientos alojamientos: hoteles con encanto, casas rurales y masías repartidas por toda España.
Smartbox

Copa de cristal de Bohemia de 45 cl, personalizable mediante grabado láser con el diseño floral de la colección Flowers o con un texto propio, presentada en un estuche de regalo de 23x25x11 cm.
Wanapix

Ciento ochenta preguntas repartidas en categorías, de las que abren una conversación ligera a las que tocan algo que quizá nunca se ha llegado a decir en voz alta.
ATM Gaming

Casas rurales, posadas y haciendas. Mil trescientos alojamientos que tienen en común una cosa: están lejos de una calle con tráfico.
Wonderbox

Un botón, cinco segundos y el corcho fuera, sin girar nada a mano.
Flauno

El objetivo es sencillo de explicar y difícil de dominar: rodear del todo la abeja reina del rival antes de que el rival rodee la tuya.
Maldito Games

Dos noches con desayuno para dos personas, a elegir entre más de cuatro mil estancias: hoteles de hasta cuatro estrellas, casas rurales, alojamientos insólitos y establecimientos que admiten perro.
Wonderbox

La mecánica es sencilla: se reparten cartas por turnos y cada una plantea un reto, con la intensidad marcada de antemano para que cada pareja elija hasta dónde quiere llegar.
CARTA SUTRA

El cofre generalista de Wonderbox para parejas: una experiencia a elegir entre unas 6.500, entre comida o cena, bienestar, aventura y ocio. No es una temática, es el catálogo entero.
Wonderbox

La versión para dos de un juego que ya funcionaba bien con más gente, y que aquí gana en tensión: si el rival ve una jugada, la coge.
Asmodee

Una tarjeta del tamaño de un folio, 21 por 30 centímetros cerrada, el doble abierta, para el caso concreto en el que tiene que firmar mucha gente y no cabe.
Cheerset

Una placa de homenaje con el nombre y un mensaje grabado, del tipo que se entrega en un acto formal de despedida, pensada para reconocer años de trabajo de una forma más solemne que una tarjeta firmada por todo el equipo.
CALLE DEL REGALO

Taza blanca de 350 mililitros con una frase larga escrita a mano en morado, rosa y verde: «que todo lo bueno te siga, te encuentre, te abrace y se quede contigo, y lo demás que pase de largo».
Mugffins
La jubilación es la única despedida en la que nadie va a volver. No es un cambio de empresa ni una excedencia, y por eso el regalo pesa distinto: es lo último que esa persona se lleva de un sitio donde ha pasado treinta años.
Hay dos regalos distintos y conviene no mezclarlos. El de la oficina rinde mejor como una tarjeta grande donde quepan todas las firmas, acompañada de un pack con gracia, unos calcetines de «ahora curráis vosotros» o un set de despedida, con el bote repartido entre las personas que ponen dinero. El de la familia va por otro lado, gana lo que se consume durante semanas, un estuche de aceites, una caja de cafés de origen o una cesta gourmet, porque no ocupa sitio permanente ni obliga a nadie a colocar en casa un objeto que no ha elegido. Lo que ya no sirve en ninguno de los dos casos es el reloj de toda la vida, que tenía sentido cuando el reloj era caro y se llevaba a diario, ni el objeto conmemorativo con la fecha grabada: los dos se agradecen en voz alta delante de todos y se guardan en un cajón esa misma semana.
Cinco comprobaciones antes de encargar nada:
Aquí es donde se cae en el peor lugar común de toda la categoría: el set de baño con velas y el neceser, que son el regalo más repetido de todos y suelen llegar por duplicado el mismo día. Lo que acierta mejor es algo que se lleve puesto y recuerde la fecha sin gritarla, como un llavero original para mujer, pensado justo como el «algo más» que acompaña al regalo principal sin duplicar gasto en lo mismo. Un peldaño por encima está el llavero personalizado con inicial y piedra a elegir, con el año grabado y un mensaje que no compite con el regalo colectivo de la oficina: es el detalle de la compañera cercana, no el del grupo entero. Y si lo que se busca es algo con más peso para un acto con jefa o mando de por medio, la placa de homenaje con el cargo y los años grabados da ese punto solemne sin caer en el reloj.
Del lado de las compañeras cercanas, lo que mejor resulta es el set que ya viene montado y admite una nota dentro. El set de despedida con neceser, llavero y bolígrafo reúne tres piezas de uso diario. El de bolso de yute con vela cambia el neceser por un bolso más grande y suma una vela. Y para el detalle que se lleva encima sin tener que colocarlo en ningún sitio, el llavero de trébol con tarjeta de despedida cubre la parte simbólica por muy poco dinero. La copa de vino grabada con su nombre apunta en cambio a algo que se usa en casa, no que se lleva encima.
Si se jubila una enfermera o una sanitaria, que es de los oficios donde más se celebra la fecha, el catálogo cambia entero. La figura personalizada con su cara en madera recorta la silueta con el uniforme de enfermera. Su versión para sanitarios cubre el resto de profesiones del hospital que no encajan en ese uniforme concreto. Y la taza con el nombre y el uniforme lleva la misma idea a un objeto de uso diario. Ninguna de las tres se parece al set de baño.
El equivalente masculino del set de baño es la corbata o la herramienta que ya tiene: hay que subir un escalón de especificidad. Si fuma puros, aunque sea de vez en cuando, un humidor de sobremesa con higrómetro y regla para medir el calibre no se parece a nada de lo que ya tiene, algo poco habitual en esta fecha. Si en cambio hace bricolaje o siempre anda con algo a medio arreglar, un pack de dos cajas de herramientas con organizador integrado arregla un problema real de la casa en vez de sumar un objeto más a la estantería. Y para quien recibe la jubilación como el principio de algo, no como el final de nada, una brújula de latón con la cita de Thoreau grabada actúa como gesto simbólico, del tamaño de un bolsillo y sin pretender sustituir al reloj.
Con los puros hay tres escalones según lo que fume. El humidor de escritorio con tapa de cristal es para quien tiene media docena en casa. El humidor de sobremesa para cien puros sube de escala para quien de verdad colecciona. Y el armario humidor eléctrico de treinta y siete litros es el regalo grande del bote colectivo.
Y si no hay puros ni bricolaje de por medio, la vía segura es el vino con su nombre encima. La caja de madera personalizada es la opción más sobria. La botella con dedicatoria va directa al grano sin caja de por medio. Y el set con estuche de bambú grabado sube de presentación con el estuche incluido. Es el regalo que se abre en la comida y se termina esa misma tarde, con la caja quedándose de recuerdo.
Se busca mucho y casi nunca se encuentra hecho, porque el kit del jubilado no es un producto sino un montaje: se compra por piezas y se mete todo en la misma caja. Sale bien porque se abre delante de todos y da para diez minutos de risas, que es exactamente lo que se pide en una comida de despedida.
La base son los calcetines de «ahora curráis vosotros», pensados para ella. Su versión unisex en caja de regalo sirve igual para él, y las dos vienen ya presentadas. A partir de ahí se añade lo que se ría del tópico correspondiente. El delantal de «por fin, mujer jubilada» apunta a ella. El de chef en talla grande cambia el chiste si es él quien se pone ahora a cocinar. El peluche de crochet de despedida suma el toque tierno al kit. Y el pasaporte para que cada uno escriba su parte hace de tarjeta grande con espacio de sobra para todo el equipo.
La regla de oro del kit es que la broma tiene que ser sobre el trabajo que deja, nunca sobre la edad que tiene. Es la línea que separa la carcajada del silencio incómodo, y se cruza más a menudo de lo que parece.
Es un caso aparte porque casi siempre lo paga toda la clase o todo el claustro, no un grupo reducido de compañeros, y el mensaje pesa más que en cualquier otra jubilación. El regalo de agradecimiento para profesora con el mensaje de gracias ya incluido está pensado justo para eso: sirve igual como detalle colectivo de toda la clase que como aportación de un solo alumno, y vale tanto en la jubilación como en la despedida de fin de curso de quien sigue dando clase. Si el homenaje lo organiza el centro con un acto más formal, la misma placa de homenaje personalizada con el nombre del centro y los cursos impartidos cumple el papel que en la empresa hace el reconocimiento del jefe.
El dinero sigue siendo lo que más se agradece en una jubilación, sobre todo cuando lo pone un grupo grande, pero el sobre a secas es lo que menos se recuerda. Hay dos formas de resolverlo sin renunciar a que el dinero sea el regalo de verdad. El cuadro personalizado con una silueta calada donde se colocan los billetes por detrás lleva el nombre y la fecha grabados en la base. El set de madera para montar con un banco, un árbol y un soporte para los billetes enrollados se queda en cambio como recuerdo en una estantería mucho después de haberse gastado el dinero. Los dos se personalizan a mano y se hacen por encargo, así que conviene pedirlos con al menos una semana de margen y revisar dos veces la ortografía del nombre antes de confirmar: al ser piezas grabadas, no admiten cambios una vez hecho el pedido.
Durante décadas el regalo de jubilación fue un reloj, y tenía sentido cuando el reloj era caro y se llevaba a diario. Hoy no cumple ninguna de las dos cosas: el tiempo lo da el móvil y un reloj bueno cuesta más de lo que la oficina va a poner. Lo que queda del gesto es el simbolismo, «toma tu tiempo, ahora es tuyo», y ese simbolismo se puede servir mucho mejor con algo que se use.
El error hermano es el regalo de placa: el objeto conmemorativo con la fecha grabada que sólo sirve para estar en una estantería. Se agradece delante de todos y se guarda en un cajón esa misma semana.
Hay dos regalos distintos en juego y conviene no mezclarlos. El primero es el colectivo, el que se paga entre veinte personas y se entrega en la comida. Ahí lo que importa no es el objeto sino que quepan todas las firmas: una Tarjeta de Despedida Gigante A4 da doble folio de espacio en blanco por dentro, que es exactamente el problema que tiene una plantilla grande y no cabe en una postal normal. Si el equipo es pequeño, la Tarjeta de Despedida de Madera con Forma de Corazón hace el mismo trabajo y se guarda mejor.
Para acompañarla, el Pack de Despedida en Caja con Taza y Ocho Detalles llega ya completo, sin montar nada la tarde antes. El Set de Despedida con Bolso de Yute, Neceser y Vela cubre lo mismo con un formato distinto de bolsa.
En una comida de jubilación hay un momento en que se abre el regalo delante de todos, y ahí un objeto con gracia rinde más que uno serio. Los Calcetines de «Ahora curráis vosotros» están construidos para ese momento: el mensaje va en la planta del pie, así que sólo se lee con las piernas en alto, que es justo la postura que la frase celebra.
La condición es que el chiste dé por hecha la jubilación y no la marcha. Para quien se va a otra empresa, lo que corresponde es la Taza de «Ha sido un placer trabajar contigo». La Taza de «Gracias por todo» dice lo mismo con un mensaje más neutro, y las dos agradecen sin dar por cerrada una carrera que sigue.
El de casa no compite con el de la oficina y no debería parecerse. Lo que va a cambiar de verdad en la vida de quien se jubila es que le sobran horas, así que el acierto está en lo que se consume despacio. El Estuche de Madera con Cuatro Aceites de La Chinata reparte el ritmo en el aceite del día a día. La Caja de Seis Cafés de Origen de Black Donkey hace lo mismo con el desayuno. Y el Set de Diez Cervezas del Mundo apunta a la sobremesa. Los tres se disfrutan durante semanas y no piden sitio permanente en ninguna estantería.
En el escalón de arriba están las cestas. La Cesta Gourmet con Ibéricos y Vino de FAMILYCOM suma ibéricos al vino. La Caja con Vino de Rioja y Cuatro Patés de Deliex cambia el ibérico por patés, las dos son el regalo grande sin caer en el objeto conmemorativo.
Si el café es lo suyo, el grano de tueste lento italiano da para el desayuno con calma que hasta ahora no existía. El estuche de tres aceites 5 Elementos lleva la misma idea a la despensa. Y para leer sin forzar la vista, el libro de cuentos con letra grande se termina, que es más de lo que se puede decir del libro de tapa dura que le van a regalar otros tres.
Es la parte que casi todas las listas se saltan y la que de verdad se usa, porque el cambio real de una jubilación no es dejar de trabajar: es tener las mañanas vacías a partir del lunes siguiente.
El puzzle es el rey de esta categoría por una razón práctica, que es que escala con las ganas. El de mil quinientas piezas del paseo italiano se monta en un par de semanas. El de dos mil de las cataratas del Iguazú sube a un mes de tardes. El de cinco mil del mapamundi histórico ocupa ya un invierno entero. El de seis mil del puente de Brooklyn es un proyecto de varios meses. Y el gigante de veinticuatro mil piezas sube todavía más, un proyecto de años y un regalo con carcajada incluida. El personalizado en madera con una foto mezcla las dos cosas, el pasatiempo y el recuerdo. Para jugar acompañado, el Abalone es de los pocos juegos de mesa que se aprenden en cinco minutos y se juegan durante años.
La otra mitad es el cuerpo, que después de treinta años de oficina suele tener una lista de quejas pendientes. El masajeador de pies Shiatsu con calor y compresión es el que menos acaba en el armario porque se usa sentado delante de la televisión. Hay además versión inalámbrica para quien no quiere cables cerca del sofá. La versión con calor suma temperatura al mismo masaje. Y la de talla grande cubre el pie que no entra en los modelos estándar. Para la espalda está el asiento de masaje con calor. Para las piernas, el de compresión. Y para quien ha estado de pie toda su vida laboral, la bañera de pies eléctrica plegable da el remojo caliente de siempre sin instalación fija. La pistola de masaje apunta al músculo cargado, no al pie cansado.
Y si lo que quieres es que salga de casa, la caja de experiencia es el formato con menos riesgo, porque la fecha la elige quien la recibe. La escapada rural de dos días apunta al descanso. La cena gourmet para dos va por la mesa. Los tres días de spa suben el descanso a un fin de semana completo. Y la selección única deja elegir entre categorías para quien no se decide por una sola cosa.
Lo original en esta fecha casi nunca es un objeto que no se haya visto nunca, es un objeto que habla de esa persona en concreto. El cuadro con los años de servicio y el nombre del departamento, la caricatura hecha a partir de una foto de la última cena de empresa o el libro con las dedicatorias de todo el equipo son piezas que no valen para nadie más, y eso es justo lo que las salva de acabar en un armario.
En esa misma línea hay dos formatos que se encargan fáciles y se recuerdan mucho. El portafotos de madera con pinzas convierte las fotos sueltas de treinta años de oficina en una pieza de pared que se va rellenando. Y los libros de memorias con preguntas son el regalo que lo hacen los hijos y no la oficina, el que más se agradece años después. El «cuéntame la historia de tu vida» está pensado para un padre. El de abuela hace la misma pregunta desde el lado femenino de la familia.
Con veinte personas poniendo dinero aparece la tentación de comprar algo grande y solemne. Sale mejor partir el bote en dos: una pieza personalizada que se abre delante de todos y una experiencia o un vale para que elija después. Así el momento de la comida tiene su foto y la parte cara se gasta en algo que de verdad le apetezca.
Aquí no hace falta competir con el colectivo. Un detalle pequeño con una nota escrita a mano, entregado aparte y sin público, es la parte que suele recordarse cuando ya no queda nadie en la sala.
Quién regala (el equipo entero, un compañero, la familia), cuánto trato hay de verdad, y qué va a hacer esa persona a partir del lunes siguiente, cambian por completo la respuesta. Con eso resuelto, un plan cerrado, una comida con la reserva ya puesta, una escapada corta, un curso de algo que lleva años mencionando, rinde más que cualquier objeto, porque a partir de ahora le sobra lo único que antes le faltaba, que es tiempo. En experiencias para regalar está la letra pequeña de las cajas y de los planes cerrados.
Falla el regalo que insinúa vejez. El manual de crucigramas, el pastillero elegante y la manta de sofá se leen como un comentario sobre la edad aunque nadie lo pretenda, y a alguien que acaba de dejar de trabajar le sientan peor de lo que uno imagina.
Falla también el regalo de hobby comprado a ciegas. Regalar un juego de golf a quien nunca ha jugado no le abre una afición: le da un objeto caro que tendrá que fingir que va a usar. Los hobbies se regalan cuando ya existen, no para inaugurarlos.
Y falla el discurso sin regalo o el regalo sin discurso. En esta fecha concreta las palabras hacen la mitad del trabajo, y por eso la tarjeta firmada suele recordarse más que lo que iba dentro de la caja.
Escrito por el equipo de Regalando, que revisa cada regalo antes de incluirlo en la lista.
Lo que se use o se consuma, y una tarjeta que firme todo el mundo. El regalo colectivo funciona mejor como paquete con gracia, calcetines, taza, set de despedida, y el de la familia como algo gourmet que dure semanas. Lo que casi nunca funciona es el objeto conmemorativo con la fecha grabada.
Depende del tamaño del grupo, pero lo habitual es que cada persona ponga poco y el paquete final quede entre 20 y 50 euros. Si sois muchos, sube el presupuesto antes que el número de objetos: un regalo bueno gana a cinco detalles sueltos.
No, y confundirlos se nota. El de despedida acompaña a alguien que sigue trabajando en otro sitio, así que el tono es «hasta luego». El de jubilación cierra una etapa entera. Las bromas sobre no volver a madrugar sólo funcionan en el segundo caso.
Evita el set de baño con velas y el neceser: son el regalo más repetido de todos y suelen llegar por duplicado el mismo día. Funciona mejor un llavero para llevar puesto a diario o algo personalizado con su nombre y el año. Hay más ideas en ideas de regalo de jubilación para mujer y en la página de regalos para ella.
Depende de si tiene una afición que ya practica: un humidor si fuma puros, herramientas si hace bricolaje. Sin esa pista, mejor lo consumible, una cesta de embutidos o una selección de cervezas, que un objeto que tendrá que fingir que usa. Está desarrollado en regalos de jubilación para hombre.
Casi siempre lo paga toda la clase o todo el claustro, así que gana el detalle con mensaje de agradecimiento ya incluido antes que el objeto suelto: las palabras hacen ahí más trabajo que en ninguna otra jubilación. El desarrollo completo está en si se jubila un profesor o una maestra.
Con un objeto pensado para eso: un cuadro con una silueta calada donde se colocan los billetes por detrás, o un set de madera con un soporte para enrollarlos, los dos con el nombre y la fecha grabados. Quedan como recuerdo cuando el dinero ya se ha gastado. Más detalle en cómo regalar dinero sin que parezca un sobre.
No se compra hecho, se monta: unos calcetines con el mensaje en la planta del pie, un delantal con la broma que toque, un pasaporte para que firme todo el mundo y lo que se le ocurra al departamento, todo dentro de la misma caja. Sale más barato que un regalo grande y da más juego en la comida, con una condición: que la broma vaya sobre el trabajo que deja y no sobre la edad que tiene.
El que no vale para nadie más. Un puzzle hecho con una foto suya, un portafotos que recoge treinta años de oficina, un libro de memorias con preguntas para que lo rellene. Lo raro por raro no dura una semana en la estantería, y lo que lleva su nombre y su historia no se tira nunca.
Entonces hay dos regalos: el del grupo y el tuyo. El tuyo puede ser pequeño y personal, y ahí funciona mejor lo que recuerda algo concreto de esos años que lo que celebra la jubilación en abstracto. En regalos para un compañero de trabajo están los que sirven para eso.
En la comida o el café de despedida, nunca por sorpresa en la mesa de trabajo. La entrega delante del grupo es parte del regalo: quien se jubila quiere que se le despida en público, y el paquete es la excusa para que eso ocurra.
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