Y se puede acertar precisamente porque el aficionado elige su marca con criterio propio y nunca la delega. Regalarle una caja es meterse en su terreno. Regalarle el cortapuros decente que lleva diez años sin comprarse es otra cosa.
¿Qué regalar a un fumador?
Cinco comprobaciones antes de gastar un euro en esta categoría:
- ¿Sigue fumando? Es la primera y la que más disgustos evita. Un juego completo de accesorios encima de la mesa de Nochebuena, para alguien que lleva cuatro meses dejándolo, es de las cosas más incómodas que existen.
- ¿Puros, pipa o cigarrillo? Son tres aficiones distintas con tres catálogos que casi no se tocan. El cortador integrado en el mechero no le sirve de nada a quien fuma en pipa.
- ¿Guarda o consume? El humidor es para quien acumula. Para quien fuma uno el día de su cumpleaños, un estuche de viaje hace el trabajo y no pide mantenimiento.
- ¿Fuma en casa o fuera? Cambia el objeto entero. Dentro manda el cenicero de sobremesa, fuera mandan el estuche que cabe en el bolsillo y el mechero que aguanta viento.
- ¿Se puede grabar? Casi todo lo de esta página se deja a la vista, así que unas iniciales rinden aquí más que en cualquier otra categoría. La tabaquera personalizada con el nombre es el caso obvio.
El corte y la llama
El cortapuros es el regalo obvio y el que más se agradece, porque casi todo el mundo anda con uno de plástico que aplasta la capa en vez de cortarla. Los hay de guillotina doble, de puntero y en «V». La guillotina doble es la que sirve para cualquier calibre y la que se regala sin preguntar. Si quieres ahorrar un objeto, el mechero de puros con cortador integrado resuelve las dos cosas a la vez, y la perforadora de doble broca de CIGARLOONG es la alternativa para quien prefiere el agujero al corte.
Con el encendedor hay un detalle que separa el regalo bueno del que se queda en el cajón: los de gasolina dejan sabor, así que quien fuma puros usa butano, normalmente de llama plana o en chorro. Es el tipo de dato que no viene en el envoltorio y decide si el aparato se usa.
Eso no descalifica al mechero de gasolina como regalo, lo cambia de sitio. Un Zippo grabado con su signo del zodiaco es un objeto de bolsillo que se enseña, y ahí el sabor da igual porque no es lo que va a encender el puro del domingo. Y para quien fuma en interiores o se harta de quedarse sin gas, el encendedor eléctrico recargable por USB con contador no tiene llama ni sabor ninguno.
Humidor: sólo si va en serio
Un puro se seca en casa en cuestión de días, y el humidor es lo que lo evita manteniendo la humedad alrededor del setenta por ciento. Es un regalo estupendo para quien ya guarda varios y una carga para quien fuma uno en Nochebuena: hay que curarlo antes de estrenarlo y vigilarlo después, y un humidor descuidado estropea lo que guarda en lugar de conservarlo.
La capacidad marca el precio y también el compromiso. El humidor de escritorio con tapa de cristal de LIHTUN y el de doble capa para treinta y cinco puros son el tamaño de quien tiene reserva para unos meses. El Dravus II de GERMANUS para cien y el armario de cedro para ciento cincuenta ya son de coleccionista, y ahí conviene preguntar antes de comprar, porque quien está a ese nivel suele tener uno y sabe cuál quiere. Si vas a regalar el grande, el humidificador eléctrico es el accesorio que casi nadie incluye y todos acaban comprando.
Para el fumador ocasional funcionan mejor las bolsas y estuches con control de humedad, que valen para dos o tres puros y no piden mantenimiento. El estuche humidor de viaje de LIHTUN es esa idea en versión de viaje, con los accesorios dentro.
Cenicero, estuche y lo que se usa a diario
El cenicero de puro, el que tiene el rebaje ancho porque la ceniza del puro no se sacude, y el estuche de dos o tres plazas son los dos objetos que más se usan y de los que casi nadie tiene versión buena. El cenicero de sobremesa de madera es el formato clásico, y el cenicero de humor de Fisura la versión que se regala con una sonrisa y acaba siendo el de uso diario.
En estuches, el de piel de GERMANUS para cinco es el de bolsillo de toda la vida, el Eligara de quince plazas es para el fin de semana fuera, y el estuche de piel personalizado es el mismo objeto con la ventaja de que no se confunde con el de nadie. El soporte de Bearded Smoke resuelve algo más pequeño y más habitual, que es dónde dejar el puro mientras hablas.
En la franja de menos de quince euros, el portatabaco rígido de bolsillo evita que la bolsa acabe deshecha en el fondo del bolso, que es un problema pequeño y constante. Y para la terraza o el cuarto de fumar de una casa, la señal adhesiva de aluminio de «permitido fumar» y la lámina de arte del gato fumador son el guiño decorativo que no compromete a nada.
Todos estos aguantan bien un grabado con unas iniciales o una fecha, que aquí queda especialmente bien porque son objetos que se dejan a la vista. Y si el regalo es para una celebración y no para una persona, las vitolas personalizadas para puros de boda, comunión o bautizo son el detalle que se reparte a los invitados que sí fuman.
Regalos para una mujer fumadora
Es de las búsquedas que más se repiten en esta página y de las peor resueltas por el mercado, porque el catálogo de accesorios está diseñado casi entero con la misma estética: cuero oscuro, madera pesada y un aire de club de caballeros de 1950. Nada de eso es obligatorio, y buena parte de lo que se vende como «para él» es simplemente el objeto en su versión sobria.
Lo que mejor funciona aquí es la vía personalizada, porque salta por encima del problema estético de un plumazo. Una tabaquera con el nombre grabado, una pitillera de cuero para tabaco de liar o un Zippo con el signo del zodiaco no son objetos de hombre ni de mujer: son objetos con algo escrito encima, que es de lo poco que se elige de verdad.
Para una fumadora de puros, que existe y busca lo mismo que cualquier aficionado, el criterio no cambia en nada: corte, llama de butano, conservación y estuche. Si acaso cambia el formato, porque el calibre pequeño se lleva mejor con las boquillas de palisandro, y ésas además resuelven el detalle del pintalabios, que es la única diferencia práctica de toda la lista.
Y el encendedor eléctrico sin llama merece una mención aparte por un motivo poco romántico: se recarga por USB, no huele a gas dentro del bolso y no se derrama.
Liar en casa, que es donde está la mitad del gasto
Quien lía lleva la cuenta de lo que se ahorra, y precisamente por eso el material bueno se compra tarde: primero va el tabaco y luego, si acaso, la máquina. Ahí es donde entra el regalo. La Powermatic 4 eléctrica es el salto grande, de las que llenan un cigarrillo entero en segundos, y la OCB Mikromatic Duo es la manual de referencia, la que dura años y no se atasca.
Por debajo, la Gizeh Silver Tip y la portátil de bolsillo resuelven lo mismo para quien lía poco o fuera de casa. La OCB cromada de mesa es la que se queda a la vista, que en esta afición cuenta.
Alrededor de la máquina está el mueble, por decirlo así: una bandeja de liar con licencia de Rick y Morty recoge lo que se cae, y el kit completo con bandeja, cenicero y bote hermético es de los pocos regalos de la página que llega montado como conjunto. El set con bandeja y cenicero RAW juega la misma carta en versión sobria, y la tabaquera de cuero de tres compartimentos es el objeto que de verdad se lleva encima todos los días.
Pipa, que es otro mundo entero
Quien fuma en pipa no está en la misma afición que quien fuma puros, aunque la tienda los ponga en el mismo pasillo. Aquí no hay corte ni humidor, hay un ritual de limpieza y un material que decide el precio.
Para empezar, el set de pipa tallada con accesorios y el kit de pipa de madera con accesorios de limpieza traen dentro lo que hace falta el primer día, que es exactamente lo que un principiante no sabe que necesita. La pipa de madera de pera con bolsa va en la misma línea con un formato más portátil.
Si la persona ya lleva años, sube el listón el material. La pipa de brezo Ball de Fashion Pipes es el estándar de toda la vida, y la pipa de espuma de mar es la que se compra cuando ya se tienen varias de brezo, porque cambia el color con los años y eso es media gracia.
La pega, y es importante
Antes de comprar nada, asegúrate de que sigue fumando. Regalar a alguien que está dejándolo un juego completo de accesorios pasa más de lo que parece con el familiar al que hace años que le regalamos lo mismo, y es un regalo que obliga a poner cara de agradecimiento por algo que se está intentando quitar de encima. Si hay dudas, mejor tirar por otro lado: en regalos para un padre hay bastante alternativa.
Y si lo que buscas es un detalle de casa que le haga gracia sin comprometerte con la afición, el felpudo para fumador y el Smoke Box, un cofre con varios accesorios dentro son las dos salidas de bajo riesgo: una es un chiste en la entrada y la otra reparte la apuesta entre cuatro cosas en vez de jugarlo todo a una.
Escrito por el equipo de Regalando, que revisa cada regalo antes de incluirlo en la lista.