
Parrilla Eléctrica Cecotec con Piedra Volcánica
La piedra volcánica del revestimiento retiene el calor de forma más uniforme que una plancha metálica, así que la carne se hace pareja y sin puntos crudos.
Cecotec
El regalo del suegro tiene un obstáculo que no tienen los demás, y no es el gusto: es que dice que no quiere nada. Lo dice de verdad y aun así hay que aparecer con algo, porque el resto de la familia va a aparecer con algo. Esa es toda la dificultad del asunto, y tiene una salida clara.

La piedra volcánica del revestimiento retiene el calor de forma más uniforme que una plancha metálica, así que la carne se hace pareja y sin puntos crudos.
Cecotec

Doce botellas de 33 centilitros en un cajón de madera de verdad, con seis variedades de la cervecera de Toledo. Casi ocho kilos que llegan listos para poner encima de una mesa sin envolver nada.
La Sagra

Ahumar un cóctel en casa parece cosa de coctelería de diseño, pero el kit lo reduce a encender la antorcha, prender la viruta y tapar el vaso un momento.
ComboJoy

Quien se deja barba pasa por una fase concreta —el mes tres, cuando pica y no hay forma de peinarla— en la que este kit es exactamente lo que necesita y no se ha comprado todavía.
CUSMAY

Siete cosas que caben en una caja pequeña y que cuestan menos de veinte euros.
Alejandro Fuentes

Quinientos noventa mililitros por copa es tamaño de balón grande, de copa de vino de verdad. La diferencia entre un regalo de vitrina y uno que se estrena el viernes con una botella decente.
Joyería El Faro

Hay un olor que muchos asocian con su padre o con su abuelo saliendo del baño un domingo por la mañana. Con bastante probabilidad, era este.
Tabac Original

Dos kilos de caja, y el peso está bien repartido.
Universo Gourmet

Una caja de madera con cuatro botellas: dos aceites de oliva virgen extra de medio litro y dos condimentados de 250 mililitros, de albahaca y de guindilla. Y un jabón hecho con el mismo aceite.
La Chinata

Doce cervezas alemanas distintas, cada una de una casa, con un folleto que explica el estilo, la graduación y el maridaje de todas ellas. Casi cinco litros en total.
CERVEZUS

Seis vasos altos de vidrio, de dieciséis centímetros y algo más de medio litro, con la boca ligeramente ensanchada. Fabricados por una cristalera polaca con más de un siglo de oficio.
Krosno

Diez cervezas de diez países, con un folleto que trae las notas de cata y el maridaje de cada una. Un viaje de Japón a México pasando por Bélgica, Chequia y Australia.
CERVEZUS

El cristal grueso de fondo es lo que distingue a un vaso de whisky de un vaso cualquiera: pesa en la mano, aguanta el hielo sin que se note frío al tacto y no compite en altura con la bebida.
Whisiskey

Un mapamundi de aire dieciochesco: papel envejecido, veleros dibujados en los océanos, dos círculos polares abajo y las banderas del mundo bordeando el mapa por arriba y por abajo.
Educa

Se atornilla a la pared y queda fijo: se acaba el abridor suelto que nunca aparece. El imán interior recoge la chapa al caer, así que no rueda por el suelo de la cocina.
ZONSUSE

Doce botellas de 33 centilitros repartidas en seis estilos de la misma cervecera toledana: dos de cada uno, que es lo que permite repetir el que gusta en vez de quedarse con la duda.
La Sagra

Una caja negra de cartón con una botella de Rioja de 37,5 centilitros y cuatro tarritos de 30 gramos: paté de lomo ibérico, paté al Pedro Ximénez y una crema de queso.
Deliex

Jarra de vidrio grueso con asa, grabada a láser con el nombre, la edad o la frase que se pida. El grabado es un desgaste del cristal, no una impresión.
Made in Gift

Una caja de madera de 33 x 9 x 9 centímetros con tapa corredera y asa de cuerda, grabada con el mensaje que se elija. La botella va aparte: esto es el envoltorio.
CALLE DEL REGALO

De todo lo que se le puede regalar a un fumador de puros, esto es lo que más se lleva encima: una funda de piel de vaca para cinco puros.
GERMANUS

Una caja negra con un surtido de cervezas Mahou y sus acompañantes: frutos secos, aceitunas, patatas y galletitas saladas. Se monta a mano en España y llega presentada, sin envolver nada.
FAMILYCOM

La etiqueta lleva el nombre, el apellido y la dedicatoria que se escriba. Dentro hay un Saint-Amour, un Beaujolais francés de uva gamay, y la botella llega en su estuche.
CALLE DEL REGALO

Dos varillas de acero inoxidable que se guardan en el congelador y se meten dentro del botellín ya abierto, más una tarjeta abrebotellas del tamaño de una visa.
Yvento

De los aparatos de masaje que se regalan, este es el que menos se queda en el armario.
RENPHO

Un estuche de bambú con cierre metálico, dos copas de 350 ml y un sacacorchos de doble tiempo de acero inoxidable con cortacápsulas. Todo encajado en espuma troquelada.
Nomart

Un delantal cualquiera se usa igual, pero uno con un nombre o una frase impresa deja de ser un objeto genérico de cocina y pasa a ser de alguien concreto.
LolaPix

Caja de bambú de 36 x 12 x 11 centímetros con cierre metálico, grabada en la tapa con el nombre o la dedicatoria que se pida, y cuatro accesorios encajados junto al hueco de la botella.
CALLE DEL REGALO

No es una cesta de embutidos más: es un vermut de domingo entero metido en una caja.
Espinaler

Grabado láser sobre el cristal, 350 ml por copa y un sacacorchos de acero inoxidable metido en su hueco troquelado dentro de la caja de bambú.
C&P

Es el regalo con el que se empieza en esta afición, y resuelve dos cosas a la vez en una pieza de metal de diez centímetros: el corte y la llama.
VVAY

Jamón de cebo ibérico, chorizo y salchichón ibéricos, los tres loncheados y envasados al vacío. Y tres fuets premium de 170 gramos.
Mediterranean Tree

Nueve productos dentro de un envase metálico, empezando por un vermut rojo de 75 cl y la salsa Espinaler.
Espinaler
Con un suegro no hay que descubrirle una afición nueva. Los regalos que salen mal aquí son los que intentan ampliarle el mundo: el libro que debería leer, el aparato que debería usar, la afición que debería tener. Los que salen bien son los que cogen algo que ya hace los domingos y le ponen una versión mejor.
Si toma cerveza, no necesita una cerveza: necesita diez que no conoce. Si abre vino, no necesita una botella: necesita el cacharro que no se ha comprado nunca porque no le parecía necesario. Ahí está el terreno entero de esta página.
Es lo primero que se busca y funciona porque no exige nada de quien lo recibe. El pack de diez cervezas de diez países es el más redondo de todos porque mezcla a propósito lo conocido con el descubrimiento: la Corona y la Asahi son terreno seguro, la holandesa y la cántabra son la parte entretenida, y el folleto trae notas de cata para quien quiera leerlas y se puede ignorar sin que pase nada.
El cajón de madera con doce botellas de La Sagra resuelve lo mismo por la vía del envase, y ahí está la diferencia: son casi ocho kilos que se entregan sin envolver y se ven desde la puerta. El cajón se queda después de revistero o de caja de herramientas, según la casa. Si prefieres el mismo contenido en formato más manejable, está el pack en caja de seis estilos, y con algo de picar, la cesta de Mahou con snacks.
Y hay una tercera vía, la más barata y la que más se usa: el accesorio. Los enfriadores de varilla con abrebotellas resuelven un problema pequeño y real, que el último tercio del botellín está más caliente que el primero, y son dos para poder encadenar. La jarra grabada a láser es la que sobrevive a todas las demás: el grabado es un desgaste del cristal y no una impresión, así que no se va lavado tras lavado. El abridor de pared con imanes y los vasos de cerveza Krosno completan la familia. Todo esto vive en regalos de cerveza.
Un lote de vino tiene una propiedad útil en esta relación: se ve serio, se comparte en la mesa y se termina. La caja con Rioja y patés está pensada como cena para dos y ocupa el hueco entre la botella sola, que parece poco, y la cesta grande, que ya es un compromiso. Para subir, la cesta Universo Vino de Rioja y la cesta de ibéricos, con el jamón, los fuets y los patés al Pedro Ximénez.
El vermut es la variante española de todo esto y funciona especialmente bien con alguien que ya tiene la costumbre: el pack de aperitivo de Espinaler trae nueve productos en envase metálico, empezando por el vermut y la salsa de la botellita, y la cesta Almadrava es la hermana pequeña.
Si lo que quieres es que quede algo cuando la botella se acabe, el set de sumiller en caja de bambú grabada es el accesorio que casi nadie se compra solo y todo el mundo usa: sacacorchos con cortacápsulas, recogegotas, vertedor y tapón de acero. La tapa se graba con lo que pidas. En la misma línea están las copas de vino grabadas con sacacorchos, la botella personalizada con dedicatoria y la caja de vino personalizada de madera.
Si hay whisky en la casa, el set de vasos de cristal grueso en caja de regalo sustituye a los vasos desparejados del mueble bar y no exige ser un entendido para notar la diferencia. Para quien ya tiene la selección hecha y busca qué más hacer con ella, el kit de ahumador con antorcha trae seis maderas distintas y moldes de hielo grande.
Con los puros conviene ir a lo que se usa a diario más que a la pieza de exposición: el estuche de piel para cinco puros es extensible, se adapta a la longitud del puro en vez de dejarlo bailando y lleva hueco lateral para el cortador, que es el accesorio que siempre acaba suelto en otro bolsillo. El mechero con cortador integrado resuelve las dos cosas en un bolsillo.
Hay una categoría entera que funciona con un suegro y con casi nadie más: el aparato de comer al aire libre. La parrilla eléctrica de piedra volcánica se enchufa en la terraza sin brasa ni carbón, y con alguien que organiza la comida del domingo se estrena el mismo día que llega. El delantal personalizado es el complemento obvio y admite tanto el nombre como la broma, según lo que aguante la casa.
Para el rato de estar quieto, el masajeador de pies Shiatsu es el aparato de masaje que menos acaba en el armario, porque se usa sentado delante de la televisión y se maneja sin agacharse. Y el puzzle del mapamundi antiguo de mil piezas es el regalo tranquilo que funciona con quien ya no quiere más cosas: se monta, se enmarca o se deshace, y no obliga a nada.
En Navidad el regalo se abre en la mesa y compite con los demás, así que gana el volumen: el cajón de madera, la cesta, el lote que se ve de lejos. Y hay una ventaja extra en diciembre, que es que casi todo lo de esta página se comparte en la propia comida, con lo que el regalo se estrena delante de quien lo hizo.
En su cumpleaños el regalo se entrega casi a solas y ahí gana lo que dura: la jarra grabada, el set de sumiller, los vasos de whisky. Es también la fecha con tiempo suficiente para encargar un grabado, que es lo que convierte un objeto normal en el que no se tira.
Falla la ropa, igual que con la suegra y por lo mismo. Y falla más si es una prenda con gracia impresa: la camiseta de broma se pone una vez y se guarda.
Falla la herramienta. Parece el regalo masculino por defecto y es de los peores, porque quien usa herramientas tiene ya la marca que quiere y quien no las usa no va a empezar. Si hay que ir por ahí, mejor un multiherramienta de bolígrafo, que es de llevar encima y no de sustituir nada.
Y falla la afición prestada, que es el error de fondo de esta página: regalar lo que a ti te gustaría que le gustara. El suegro no necesita una afición nueva, necesita que alguien se haya fijado en la que ya tiene.
Algo de lo que ya le gusta, en mejor versión: un pack de cervezas variadas, un lote de vino con algo para untar, el accesorio que nunca se compra solo. Es el destinatario donde peor funciona intentar descubrirle algo nuevo y mejor funciona fijarse en lo que ya hace los domingos.
De 20 a 50 euros es la banda donde está casi todo lo de esta página, y donde entran los packs de cerveza y los lotes de vino con algo de picar. Para un detalle sin fecha, menos de 20 da de sobra para los accesorios, que además son los que más se usan.
Algo que se consuma, y lo dice en serio quien lo recibe: lo que no quiere es otro objeto en la casa. Un lote de comer o beber se termina y no obliga a encontrarle sitio. Es la razón por la que la cerveza y el vermut ganan casi siempre en este caso concreto.
En diciembre gana lo que se ve de lejos y se comparte en la mesa, así que el cajón de cervezas o la cesta de ibéricos son la apuesta con menos riesgo: se abren delante de todos y se empiezan en la misma comida. Lo tienes en regalos de Navidad para tu suegro.
Entonces el terreno se mueve a la mesa igual, pero por otro camino: la caja de seis cafés de origen, el estuche de aceites de La Chinata o la parrilla, que va de cocinar y no de brindar. La lógica no cambia: algo que se usa y se acaba.
El criterio sí, el catálogo no. Con ella el terreno seguro es el baño, el aroma y la joyería sencilla, y está en regalos para tu suegra. Si el regalo es para los dos, un lote de comer partido en dos mitades reconocibles es lo que mejor funciona: que se vea que hay una parte pensada para cada uno.
Entonces mira también regalos para un abuelo, que trabaja el mismo terreno con otro registro: ahí pesan más el recuerdo y lo personalizado, y menos el trasto de la terraza.