Antes de comprar, cinco cosas que importan más que el precio
- Que el «2» no sea el mínimo técnico, sino el diseño. Un juego de fiesta que admite dos jugadores casi nunca funciona igual de bien que uno pensado para eso.
- Cuánto dura una partida. Dos minutos se repiten cinco veces seguidas; treinta minutos son ya un plan con nombre propio.
- Si compite o si conversa. Hay juegos para ver quién gana y juegos para que salga una conversación que de otra forma no habría salido.
- Si necesita mesa o cabe en un bolsillo. Una edición de viaje resuelve un fin de semana fuera; una caja grande se queda en casa.
- La fase de la relación. Un mazo de retos íntimos no es el regalo de una primera cita, y una caja de estrategia dura no es el plan de una noche de examen al día siguiente.
Duelos de estrategia, cuando el reto es lo que importa
Aquí está el hueco que peor cubre el catálogo genérico: juegos con la profundidad de un clásico, pero calculados desde cero para uno contra uno. Catan Duelo es la versión de Devir del Catan de siempre, sin depender de reunir a cuatro personas y con partidas que bajan de la hora. El Señor de los Anillos: Duelo por la Tierra Media usa el mismo motor premiado del 7 Wonders Duel, pero uno defiende la Comunidad y el otro juega con Sauron, con tres caminos distintos hasta la victoria.
El propio 7 Wonders Duel sigue siendo la referencia: partidas de media hora construyendo una civilización por la vía militar, científica, comercial o cultural, ganador de varios premios por resolver bien algo que casi nadie intentaba. Azul Duel hace lo mismo con la colocación de azulejos de resina, con un tablero distinto en cada partida de 45 minutos. Y Splendor Duel convierte el «coger antes de que lo coja el otro» en el motor entero del juego: si ves una jugada buena, la coges, porque el rival la ve igual de bien.
Para partidas más cortas y sin tablero que montar, Hive Pocket reduce el clásico de rodear la abeja reina rival a una bolsa de tela con fichas hexagonales, comparado a menudo con el ajedrez por lo que saca de tan pocas reglas. Pentaktys juega en la misma liga con un tablero modular que cambia cada partida, ideal antes de cenar. Y Duelo por Cardia, de Devir, mete facciones y poderes de personaje en quince minutos de reloj, para quien quiere táctica sin que se haga tarde. Quien ya conoce el terreno y quiere algo más suave puede empezar por Abalone GO, versión de bolsillo del clásico de empujar canicas.
Patchwork, de Uwe Rosenberg, cambia la conquista por la costura: cada jugador compra retales de tela para rellenar su propio tablero sin dejar huecos, en partidas de media hora tan visuales como tácticas. Kryptex, de la editorial española Zacatrus, es de los pocos juegos de deducción pura pensados desde cero para uno contra uno: cada jugador esconde una palabra tras nueve dados y el otro tiene que descifrarla antes de que le pase lo mismo. Y Batalla de Genios Estrella, de Ludilo, enfrenta a los dos jugadores con piezas de madera y miles de retos de lógica, a partir de ocho años.
El ajedrez y el backgammon, para quien juega en serio
El ajedrez y el backgammon llevan siglos siendo la referencia de lo que significa un duelo entre dos, y el tablero de plástico del armario les hace poca justicia. El ajedrez magnético de viaje tallado a mano resuelve la partida a medio terminar que hay que llevarse de un sitio a otro: las piezas no se mueven ni con el tren dando tumbos. Para casa, el tablero de nogal con piezas metálicas y compartimento de almacenaje guarda las treinta y dos piezas ordenadas y admite un nombre grabado, y el tablero libanés que combina ajedrez y backgammon con taracea de nácar convierte los dos juegos en una sola pieza de artesanía.
El backgammon tiene también su propio hueco: el set con iniciales doradas en relieve está pensado tanto para el pub como para el salón, y el backgammon de viaje que se enrolla como una alfombra de cuero sustituye el tablero rígido por piel auténtica. Quien prefiera un dos en uno tiene el tablero ornamental de backgammon con reverso de damas, y quien busque solo damas, el tablero plegable de veintiocho centímetros. Para tres juegos en una sola caja está el set de ajedrez, damas y backgammon tallado a mano, y para quien no consigue decidirse, el tablero reversible donde tú eliges qué dos juegos llevarte.
Para el bolsillo literal están el mini tablero magnético de ajedrez y damas dentro de una lata de menta y el set de viaje soviético de los años setenta con ajedrez, damas y dominó magnéticos, una auténtica pieza de coleccionista con más de cincuenta años a sus espaldas.
Damas chinas y Mancala, el tablero que viene de lejos
Las damas chinas y el Mancala son de esos juegos que casi nadie compra pero que todo el mundo recuerda de la casa de los abuelos, y en madera maciza pesan mucho más que la versión de plástico de un bazar. El tablero de roble para empezar sin gastar mucho cuesta lo mismo que unas copas de vino y aguanta toda una infancia de partidas, mientras que el tablero premium en nogal, cerezo o roble de un taller familiar de Misuri admite grabar una fecha en la trasera. Si el juego es solo para vosotros dos, la versión pensada específicamente para dos jugadores evita la mesa a seis que rara vez se llega a completar.
El Mancala, uno de los juegos de mesa más antiguos que se conocen, tiene su versión de lujo en el tablero de cerezo norteamericano con cavidades más hondas de lo normal, para que las gemas no se amontonen. La versión artesanal con gemas de cristal en maderas recicladas apuesta porque ninguna pieza salga igual a otra, y el tablero plegable de viaje con pestillo metálico cabe en cualquier maleta.
Estrategia milenaria, para quien ya se sabe el ajedrez de memoria
Para quien ya domina el ajedrez y busca algo menos trillado, hay todo un mundo de juegos de dos con siglos de historia detrás. El Nine Men's Morris de origen romano, un juego de alinear fichas y cerrar molinos, es de los favoritos de quien ya se aburre del tres en raya normal. El Reversi u Othello en madera reduce toda la estrategia a voltear las fichas del rival, en una caja tan compacta que cabe en cualquier estantería.
El Go, considerado por muchos el juego de mesa más profundo que existe pese a sus reglas mínimas, tiene versión de lujo en el tablero de caoba maciza hecho a mano en Colorado, y también un formato combinado en el tablero artesanal que suma Go y Pente en una sola superficie. Quien prefiera algo con más leyenda puede optar por el Fox and Geese medieval, un duelo asimétrico entre un zorro y dieciséis ocas, o el Senet, el juego que ya se jugaba en el Antiguo Egipto hace más de cuatro mil años.
Cartas rápidas para una sobremesa corta
Es la respuesta directa a «juego de cartas para dos», la búsqueda más repetida de esta lista. Exploding Kittens edición 2 jugadores rehace las cartas de acción del original para que funcionen exactamente con dos, en partidas de diez minutos sin perder el humor absurdo de los gatos explosivos. Y Dos, Segunda Edición, de Mattel Games, coge la fórmula del UNO y añade una segunda pila de descarte: con dos jugadores las cartas especiales pegan más fuerte, porque no hay más gente entre la que repartir el golpe.
Ninguno de los dos pide explicar reglas durante diez minutos antes de empezar. Se sacan de la caja, se reparten y la partida ya está en marcha, que es justo lo que hace falta después de cenar y antes de que a alguien le entre sueño.
Del dominó de bar a la pieza de coleccionista
El dominó es de los pocos juegos de mesa que casi todas las casas tienen guardado en un cajón, pero pocas veces en una versión que apetezca dejar a la vista. El dominó personalizado con caja de madera grabada resuelve justo eso, con veintiocho fichas blancas y un estuche que admite un nombre o una frase. Un escalón por encima está el dominó de palisandro y cerezo con detalles de latón en relieve, con la tapa imitando una ficha gigante, y el dominó de nogal y cuero encerado, que abandona el cartón por completo y se planta en la mesa de centro como una pieza de diseño.
Aparte queda el cribbage en nogal negro, el clásico juego de cartas y clavijas inglés que en España casi nadie conoce pero que sigue siendo, siglos después, uno de los pasatiempos de dos jugadores con más seguidores del mundo anglosajón.
En pareja, para hablar más que para ganar
No todos estos juegos tienen un ganador. Íntimoos reparte ciento ochenta preguntas en categorías, de las ligeras a las que tocan algo que igual nunca se había dicho en voz alta, y sirve igual a quien empieza a salir que a una pareja de diez años. El juego de cartas de CoupleClub apuesta por preguntas y retos pensados para aniversario o San Valentín, más experiencia que objeto. Amor con Palabras hace lo mismo en formato de juego de mesa completo, con más componentes que un simple mazo. Y la versión de LuaDreams en español resuelve un problema concreto de este tipo de importaciones: viene traducida, que no siempre es el caso.
Para quien busca menos carta y más experiencia completa, la caja de noche romántica con Hundir la Flota erótico, antifaz y sorpresas viene en dos versiones según el nivel que se busque, pensada para un aniversario. Y en el otro extremo, más decorativo que jugable, la pareja de Rey y Reina de ajedrez grabados con nombre y fecha convierte dos piezas sueltas del tablero en un recuerdo permanente.
Aparte queda el mazo de retos para parejas, con la intensidad marcada de antemano y retos que se cumplen días después de la partida. No es el regalo de una primera cita: está pensado para una relación que ya lleva tiempo rodada y busca sacudir la rutina, y conviene tenerlo claro antes de envolverlo.
Clásicos que ya conocéis, sin depender de un tercero
A veces lo que hace falta no es descubrir un juego nuevo, sino uno de siempre bien resuelto. ¿Quién es Quién? está diseñado desde el origen para exactamente dos jugadores, con personajes clásicos por un lado del tablero abatible y superhéroes por el otro. Cifras y Letras, de Falomir, mete el concurso de la tele en una caja con reloj de arena, sin necesitar un tercero que arbitre. Y si el plan pide algo sin cartas ni tablero, el mini futbolín de treinta y dos centímetros resuelve partidas de dos minutos con marcador manual y campanilla de gol, la clase de regalo que se usa mucho más de lo que promete la caja.
De bolsillo, para que la partida quepa en cualquier sitio
No todo tiene que ocupar media mesa. El tres en raya de viaje en madera de mango y palisandro indio funciona también como objeto decorativo cuando no se está jugando, y el 4 en raya personalizado reduce el clásico de plástico del recreo a una pieza que aguanta generaciones. El Shut the Box, un juego de dados de pub inglés del siglo XVIII casi desconocido en España pero que se explica en un minuto, llega en dos versiones muy distintas: la caja con aspecto de cofre antiguo y aire envejecido y la versión camuflada en un libro para la estantería. Y para quien no consigue decidirse por uno solo, el estuche de viaje con cinco juegos en uno mete el Ludo, el Shut the Box y el tres en raya, entre otros, en un solo peg game de bolsillo.
Con la baraja española, sin comprar nada
Antes de mirar cajas: si en casa ya hay una baraja española, hay juegos de siempre que se juegan exactamente entre dos sin gastar un euro. El cinquillo pide cuatro en su forma clásica pero tiene variante para dos, la escoba de quince funciona igual de bien con dos jugadores que con cuatro, y el solitario de toda la vida se puede jugar por parejas turnándose la mano. Ninguno necesita instrucciones ni caja: sólo cuarenta cartas y alguien con quien jugarlas.
El chinchón también se adapta a dos con una variante de mano reducida, y es de los juegos de baraja española que menos explicación necesita si uno de los dos no ha jugado nunca. Lo que sí cambia con dos jugadores respecto a cuatro es el ritmo: las partidas se acortan porque no hay que esperar turno ajeno, así que una tarde entera puede irse en varias rondas sin que nadie se aburra.
Lo que no resuelve una baraja suelta es el envoltorio de un regalo. Si el plan es tener algo que dar, cualquiera de los duelos de arriba, o los tableros de madera de más abajo, cumple mejor esa otra función.
Cuándo y dónde se juega esto
En casa, después de cenar, la franja natural son las partidas de quince a treinta minutos: un 7 Wonders Duel, un Splendor Duel o un Duelo por Cardia caben ahí sin que nadie mire el reloj. Para un fin de semana fuera o un viaje en tren, la clave es que quepa en la maleta de mano: Hive Pocket viene con su propia bolsa de tela, el backgammon de cuero se enrolla como una alfombra y el mini tablero de ajedrez y damas cabe literalmente en una lata de menta, así que ninguno pesa la decisión de qué llevar.
Un domingo de lluvia sin planes pide algo más largo, y ahí Catan Duelo o Duelo por la Tierra Media dan para una tarde entera sin agotar el juego a la primera partida. Y para la noche que sólo da para diez minutos antes de dormir, Exploding Kittens o Dos resuelven sin que haga falta sacar nada más de la estantería. El mini futbolín, aparte, es de los pocos que se juegan de pie y con prisa: cabe en cualquier hueco de la mesa de la cocina mientras se hace la cena.
Para una primera cita en casa, mejor evitar lo que exige media hora de reglas antes de empezar: nadie quiere pasarse la mitad de la noche leyendo un manual. Cifras y Letras, ¿Quién es Quién? o un tres en raya de madera se explican en un minuto y dejan hablar más que jugar, que es justo lo que conviene cuando todavía os estáis conociendo.
Qué evitar si sois exactamente dos
- Un juego que sólo dice «2 a 8 jugadores» en la caja sin ajuste de reglas para dos, o dar por hecho que el dominó, el Mancala o las damas chinas son estrictamente de pareja. Se juegan de maravilla entre dos, pero admiten sumar gente sobre la marcha; si buscáis algo cerrado sin salida a un tercero, el ajedrez, el backgammon, las damas normales, el Reversi o el Nine Men's Morris son la opción sin matices.
- Los juegos de equipos, que necesitan mínimo dos parejas para que la mecánica de dar pistas o adivinar tenga sentido.
- Un mazo de retos íntimos en una relación que acaba de empezar, o comprar solo por la caja bonita sin mirar el número de jugadores real. Son las dos formas más comunes de acertar con el objeto y fallar con el momento o con la persona.
- Una caja de más de una hora para una noche entre semana, o encargar una pieza con grabado láser sin repasar bien el texto. Lo primero se empieza con ganas y se acaba a medias; lo segundo no tiene vuelta atrás, porque una vez grabada la madera no se admiten cambios ni devoluciones por un despiste al escribir el nombre.
Cuánto cuesta acertar con esto
El rango es más amplio de lo que parece a primera vista. Las cartas rápidas como Exploding Kittens o Dos, y los tableros artesanales más sencillos como el tres en raya de viaje o las damas chinas de roble, entran cómodos en la franja de menos de 20 euros. La mayoría de los duelos de estrategia y los tableros de madera personalizados se mueven en la banda de 20 a 50 euros, y los sets de ajedrez y backgammon más trabajados, con piezas metálicas o cuero auténtico, suben a de 50 a 100 euros. Las piezas de artesanía más elaboradas, como el tablero libanés con taracea de nácar o el backgammon de cuero enrollable, pasan de los 100 euros.
El precio no es lo que marca si el regalo acierta: eso lo decide si el número de jugadores era el diseño o sólo el mínimo técnico. Tampoco compensa comprar el título más caro de la lista pensando que dura más. Un tablero de cien euros que se queda cerrado en el armario vale menos que uno de veinte que sale una vez por semana, y eso lo decide el gusto de quien lo recibe, no el precio de la caja.
Escrito por el equipo de Regalando, que revisa cada regalo antes de incluirlo en la lista.