
Neón LED con Forma de Mando Kosker
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Cuarenta y cuatro centímetros de mando dibujado con tubo de LED flexible. Es el cartel que convierte un rincón con un ordenador en un *setup*.
Kosker
Por qué lo recomendamos
Trae nueve modos: siete colores fijos —rojo, naranja, amarillo, verde, cian, azul y morado— y dos de parpadeo, rápido y lento. Los de parpadeo son los que nadie usa después del primer día; los siete colores fijos, sí, y el que se elige dice bastante de la persona. Se cuelga con dos ganchos adhesivos o con tornillos, y en la caja viene hasta un pequeño nivel de burbuja para no dejarlo torcido.
Treinta y dos euros. Es más caro que un póster y bastante más barato que un neón de verdad, y a diferencia del póster no se despega de la pared en agosto.
La pega, la misma de todos estos carteles: hay cable. Sale por detrás y hay que llevarlo hasta un enchufe, así que el sitio de la pared lo decide la toma de corriente más cercana, no el gusto. Con una regleta detrás del escritorio se resuelve; sin ella, se ve.
Preguntas frecuentes
¿Se cambia el color con mando a distancia?
Los modos se seleccionan desde el control del propio cable. Es menos cómodo que un mando, aunque en la práctica el color se elige una vez y se deja puesto meses.
¿Se puede poner en el techo o en una estantería?
Está pensado para pared, con ganchos o tornillos. Apoyado en una balda se sostiene mal porque es un panel fino y grande: es un cartel, no una figura.
¿Es apto para una habitación infantil?
Sí, como luz de ambiente, y a los diez u once años hace mucha ilusión. Como con cualquier cosa enchufada en un cuarto de niños, mejor colgado alto y con el cable recogido.
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