¿Qué regalar a un adolescente en Navidad?
- Algo de la serie, el juego o el grupo que le gusta ahora mismo, no el del año pasado
- Cosas para el escritorio, que es donde pasa las tardes enteras
- Un objeto que se pueda enseñar a los amigos o que salga bien en una foto
- Maquillaje o cuidado de la piel si ya lo usa, con marcas que reconozca
- Juegos y puzzles para las tardes muertas entre el 25 y el 6
- Algo con su nombre encima, que a esta edad importa más de lo que admiten
Doce y diecisiete años no son la misma compra
Es el error de bulto de esta categoría. A los doce todavía funcionan el juguete bueno, el juego de mesa familiar y lo que tenga color. A los diecisiete lo que funciona es lo que podría comprarse un adulto, porque justo esa es la señal que se busca a esa edad.
En la franja de abajo encajan la cámara instantánea infantil HiMont, el UNO Extreme con lanzador, el mini futbolín de mesa para dos o las gafas VR Heromask con juegos de idiomas. En la de arriba, unos auriculares Bluetooth con cancelación de ruido, el vaso térmico Stanley Quencher de 1,2 litros o un Calvin Klein CK One están en el registro exacto.
El Stanley merece un comentario aparte porque es de los pocos objetos que han pasado de ser un termo a ser una señal social en institutos enteros. Si lo lleva media clase, acertar es fácil. Si no lo lleva nadie, es un termo caro.
Su escritorio es donde pasa las tardes enteras
Aquí hay más acierto por euro que en casi cualquier otra sección, porque es una mesa que se usa cinco horas al día y que casi nunca se equipa entera. Una alfombrilla de escritorio XXL de 90x40 o la versión RGB cambian el aspecto de la mesa por poco dinero, y el soporte de auriculares con carga USB y luz o el soporte 4 en 1 con hueco para taza ordenan el desastre habitual de cables.
Para la pared y la estantería, el neón LED con forma de mando, el neón de iconos de PlayStation y la lámpara de iconos de PlayStation de Paladone son el equivalente actual del póster. Y como detalle de broma que además se usa, el botón Enter gigante con USB y el saco de boxeo de escritorio con ventosa llevan años funcionando. El resto está en tecnología y oficina.
Anime y manga, con el personaje exacto o nada
Esta es la afición donde más se falla, y siempre por lo mismo: se regala «algo de anime» en vez de algo de su serie. Un fan de One Piece no quiere una lámpara de Dragon Ball, del mismo modo que a un forofo del Betis no se le regala una bufanda del Sevilla.
Si sabes la serie, hay lámpara de caja de luz para casi todas: Robin de One Piece, Rin Itoshi de Blue Lock, Goku Super Saiyan 3, Mikage de Cerradura Azul y el cuadro de Bleach con luz LED. En figuras, Zoro durmiendo bajo un árbol, Ryuk de Death Note, Zenitsu de Demon Slayer y Tanjiro y Nezuko de Demon Slayer cubren las series más vistas de los últimos años.
Cómo averiguar la serie sin preguntar y sin quedar en evidencia: mira el fondo de pantalla del móvil, mira qué hay pegado en la puerta de la habitación o pregunta a un hermano pequeño, que siempre lo sabe y siempre lo cuenta. Vale más ese minuto de investigación que treinta euros de más en el regalo.
Lo que sí funciona sin saber la serie exacta: la taza de Tokyo Ghoul, la mochila enrollable de Evangelion, el juego de cartas cooperativo One Piece Nakama y la camiseta de videojuegos, anime y tal vez tres personas, que es una broma que entiende cualquiera de ese mundo. Todo esto vive en cinéfilos y series.
Harry Potter aguanta generación tras generación
Es la única franquicia de esta lista que un chaval de doce y otro de diecisiete pueden compartir, y sigue vendiendo como el primer año. La bufanda clásica de Hogwarts de Cinereplicas es la pieza que más se usa de verdad en invierno, y la luz del patronus con mando en forma de varita y la lámpara de la snitch dorada son las dos que mejor quedan en una habitación.
Para el escritorio y la mochila están el estuche del Hogwarts Express, los bolígrafos de las cuatro casas y el cuaderno de viaje con el escudo en tapa dura. Para la estantería, los sujetalibros del andén 9¾, el marcapáginas de la snitch, la bola de nieve del Expreso de Hogwarts y el libro de hechizos ilustrado, que es la única pieza de esta lista que da para leer una tarde entera.
Un aviso sobre la casa de Hogwarts, porque es donde se falla con más facilidad. Regalar algo de Gryffindor a alguien de Slytherin no es un detalle menor a esa edad: se lee como no haber prestado atención. Si no lo sabes con certeza, tira de lo neutro, que aquí es todo lo que lleva el escudo del colegio entero en vez del de una casa.
Maquillaje: el maletín grande y el que de verdad se usa
Hay dos compras muy distintas bajo el mismo nombre. El maletín completo tipo kit de 54 colores, paleta de 177 sombras o kit de 40 sombras impresiona muchísimo al abrirlo y es lo que quiere alguien que está empezando y experimenta. El kit para principiantes de Joyeee y el set de maquillaje para adolescente son la versión razonable del mismo regalo.
La otra compra es para quien ya se maquilla a diario y tiene marcas favoritas. Ahí gana la calidad sobre la cantidad: el KIKO Milano Unmissable Makeup Set, las minibrochas Real Techniques Travel Fantasy o el maletín transparente para ordenar lo que ya tiene. Y si el interés va más por el cuidado que por el color, el set de cuidado de la piel con frutas para adolescentes es la entrada suave. Todo en belleza.
Si eres tú quien tiene que pedir
Mucha gente llega a esta página buscando qué pedir, no qué regalar, y el consejo cambia bastante. Lo que más rabia da en enero es haber pedido tres cosas medianas en vez de una buena, porque las medianas se olvidan en febrero.
Pide una cosa cara y dos baratas, en ese orden y por escrito. La cara que sea de algo que uses a diario, tipo auriculares con cancelación de ruido o una silla gaming. Las baratas, de algo que no se te ocurriría comprarte solo, como el contador de libros leídos con forma de dragón o unos calcetines con frases para gamers. Y da enlaces exactos, con el color y la talla, porque la mitad de los fallos de Nochebuena son de modelo y no de idea.
Puzzles y juegos para las tardes muertas de enero
Entre el 25 y el 6 hay doce días sin instituto y con toda la familia en casa. Un puzzle de mil piezas es de lo poco que aguanta ese hueco: el de Stranger Things en formato panorámico, el del castillo de Hogwarts, el de villanos Disney, el de One Piece, el Pokémon Challenge o el imposible de Marvel para quien quiera sufrir de verdad.
Con amigos funcionan otros: Dobble se explica en un minuto, República Bananera y Approx van de reírse y no de ganar, y la Cluebox Camelot es un escape room en una caja de madera que se abre una sola vez. Para montar en solitario, el transbordador espacial de madera de ROBOTIME y el book nook de izakaya japonesa con LED son varias tardes de trabajo fino.
Libros y, sobre todo, lo que rodea a los libros
Acertar con un título concreto es difícil, porque a esta edad se lee mucho por recomendación de otros y las modas duran meses. Lo que casi nunca falla es el accesorio, que además señala que te has fijado. Un diario de lectura con 52 reseñas, una funda de libro con gato negro y luna o un marcapáginas con forma de gato son regalos pequeños con mucha puntería.
Antiestrés, que en época de exámenes no es una tontería
Enero trae evaluaciones y esto se usa más de lo que parece. El set de 50 fidget toys, el pack de 12 anillos fidget silenciosos para clase, el anillo antiestrés giratorio de lunas y estrellas y la Boulderball para los dedos cuestan poco y ocupan nada. Como detalle con mensaje, el corazón de ganchillo y el girasol eterno de ganchillo son de los pocos regalos cursis que a esa edad se aceptan sin protestar.
Con su nombre encima, que a esta edad pesa
Suena raro tratándose de una edad en la que todo lo cursi se rechaza por sistema, y aun así el objeto personalizado es de los que menos acaban en el fondo del armario. La explicación es sencilla: un termo con su nombre no se confunde con el de nadie en el instituto, y una alfombrilla hecha para él no la tiene ningún amigo.
La botella térmica XXL con foto y nombre es la más práctica de todas, la alfombrilla de ratón gaming XXL personalizada tiene el mejor efecto por lo que cuesta y la letra 3D de sobremesa con collage de fotos funciona mejor de lo que parece en una estantería. Para quien va de dragones y fantasía, la taza personalizada de fantasía épica acierta el tono sin pasarse.
La mini impresora fotográfica para el móvil merece mención propia porque abre un pasatiempo entero: fotos pequeñas para pegar en la pared, en la funda o en el cuaderno. Todo esto y más está en personalizados.
Lo que casi siempre sale mal
La ropa comprada sin consultar. La talla se acierta, el corte casi nunca, y devolverla en enero es una tarde perdida para los dos.
El regalo de la afición del año pasado. Las series y los juegos rotan rápido a esa edad, así que preguntar a un hermano o mirar qué tiene de fondo de pantalla vale más que cualquier lista.
Y el regalo educativo disfrazado. Un libro de estudio, una agenda de organización o un curso se leen exactamente como lo que son, y estropean el momento aunque tengan buena intención detrás. Si quieres que sea útil, que al menos sea de algo que ya le gusta.
Escrito por el equipo de Regalando, que revisa cada regalo antes de incluirlo en la lista.