
Taza «Que todo lo bueno te siga»
Taza blanca de 350 mililitros con una frase larga escrita a mano en morado, rosa y verde: «que todo lo bueno te siga, te encuentre, te abrace y se quede contigo, y lo demás que pase de largo».
Mugffins
Es la ocasión más buscada de este tema y la única en la que el regalo de jefe se parece por fin a un regalo normal. La razón es que la jerarquía se disuelve en el momento en que la persona deja de ser tu jefe: ya no hay nada que ganar, y por eso desaparece el miedo a parecer pelota que condiciona todo lo demás.

Taza blanca de 350 mililitros con una frase larga escrita a mano en morado, rosa y verde: «que todo lo bueno te siga, te encuentre, te abrace y se quede contigo, y lo demás que pase de largo».
Mugffins

Una tarjeta del tamaño de un folio —21 por 30 centímetros cerrada, el doble abierta— para el caso concreto en el que tiene que firmar mucha gente y no cabe.
Cheerset

Una caja de madera con cuatro botellas: dos aceites de oliva virgen extra de medio litro y dos condimentados de 250 mililitros, de albahaca y de guindilla. Y un jabón hecho con el mismo aceite.
La Chinata

Un bolígrafo de aluminio negro que, además de escribir, lleva linterna LED, brújula en el tapón y un cabezal multiherramienta.
BIIB

Hay un hueco difícil: el regalo para quien ha hecho algo por ti y no es familia ni amigo íntimo. La profesora, la vecina que recoge los paquetes, quien cubrió tu turno.
UO

Lo que la separa de las demás no está dentro de la caja: es la caja.
Don Gourmet

Un corazón de madera de catorce centímetros, cortado a láser, con el mensaje ya grabado y una peana para que se quede de pie en la mesa. Viene con su sobre kraft.
Contraxt

Calcetines de algodón con el chiste impreso en la planta del pie: puestos y con las piernas en alto se lee «Estoy jubilada, ahora curráis vosotros». Vienen en su caja de regalo.
Meflipa

Una botella de vidrio esmerilado con un hilo de luces LED en el tapón de corcho. Encendida hace de lamparita; apagada es un objeto de decoración con un mensaje, que es la mitad del truco.
Vetbuosa

Un pasaporte falso que rellena el equipo entero: la portada lleva los datos de quien se va, y dentro cada persona escribe su mensaje en una página.
EQUIK PRODUCTS

Una caja de madera de 33 x 9 x 9 centímetros con tapa corredera y asa de cuerda, grabada con el mensaje que se elija. La botella va aparte: esto es el envoltorio.
CALLE DEL REGALO

Seis paquetes de cien gramos de café molido, cada uno de un origen distinto: Colombia, Guatemala, Brasil, India, Indonesia y Etiopía. Envasados al vacío y presentados en su caja.
Black Donkey

La etiqueta lleva el nombre, el apellido y la dedicatoria que se escriba. Dentro hay un Saint-Amour, un Beaujolais francés de uva gamay, y la botella llega en su estuche.
CALLE DEL REGALO

Tres variedades de aceituna en tres botellas, con denominación de origen Montes de Toledo: picual, cornicabra y arbequina. La gracia está en probarlas seguidas.
Finca La Pontezuela

Grabado láser sobre el cristal, 350 ml por copa y un sacacorchos de acero inoxidable metido en su hueco troquelado dentro de la caja de bambú.
C&P

Es la taza de despedida sin chiste, y hay más demanda de esa de la que parece: se le puede dar a la jefa y a la persona que se va llorando, dos cosas que no aguanta ninguna taza graciosa.
MUGFFINS

Caja de bambú de 36 x 12 x 11 centímetros con cierre metálico, grabada en la tapa con el nombre o la dedicatoria que se pida, y cuatro accesorios encajados junto al hueco de la botella.
CALLE DEL REGALO

Un estuche de bambú con cierre metálico, dos copas de 350 ml y un sacacorchos de doble tiempo de acero inoxidable con cortacápsulas. Todo encajado en espuma troquelada.
Nomart

Una comida o una cena para dos en una selección de unos ochocientos restaurantes de autor, con bodega incluida. Sin noche de hotel de por medio: sólo la mesa.
Smartbox
Se abre el margen para dos cosas que el resto del año no caben. La primera es lo emotivo: aquí sí se puede decir que se le va a echar de menos, y se puede poner por escrito. La segunda es la broma, con cuidado y sabiendo quién se ríe.
Y se abre el presupuesto, porque este regalo es casi siempre colectivo. Con una colecta de quince personas se llega a un objeto que ninguna podría regalar sola sin incomodar.
De todo lo que se compra para una despedida, lo que se conserva años es lo que lleva letra de la gente. Un objeto bonito se agradece el mismo día; una página escrita por cada compañero se lee otra vez en casa.
El pasaporte de despedida resuelve el problema logístico de siempre, que es conseguir que participen doce personas sin montar un grupo paralelo: hay una página por persona y cada una escribe la suya. La tarjeta gigante A4 y la tarjeta de madera hacen lo mismo con menos ceremonia.
Y para lo que se pone en una estantería, la placa conmemorativa con grabado libre es la más flexible que hay, porque no obliga a que cuadre ninguna cifra exacta de años.
Depende de una cosa concreta: de si se va contento. Alguien que se jubila en su fecha y con ganas admite el chiste; alguien a quien la salida le ha pillado a contrapié, no.
Cuando el tono lo permite, los calcetines con el chiste en la planta del pie están bien construidos para el momento: se leen sólo con las piernas en alto, que es la postura que celebra la frase, y funcionan delante de la gente porque hay reacción en la comida.
Cuando no lo permite, la taza de «nueva etapa» es exactamente la respuesta: es la de despedida sin chiste, y es lo único que aguanta que se le dé a la jefa o a alguien que se va con la emoción a flor de piel.
Tres decisiones que conviene tomar antes de recoger el dinero.
Dónde. En la comida o el café de despedida, no en su despacho a solas: un regalo colectivo entregado en privado pierde la mitad de su sentido.
Quién. La persona con más años en el equipo, no la que organizó la colecta. El que entrega queda asociado al regalo y conviene que sea quien tiene más historia con él.
Y quién habla. Dos frases bastan y es mejor tenerlas pensadas: en una despedida el silencio incómodo lo arregla cualquiera, pero el discurso largo no lo arregla nadie.
Cambia una cosa importante: la relación no se termina, sólo cambia de forma. Ahí funciona mejor lo que mira hacia delante —la taza de nueva etapa, la placa con una fecha— que lo que hace balance, y conviene bajar el volumen de lo emotivo porque os vais a seguir viendo.
Tienes el catálogo completo en regalos para tu jefe o tu jefa, la fecha de diciembre en regalos de Navidad para tu jefe y el registro de igual a igual en regalos para un compañero de trabajo.
Dos cosas juntas: algo que lleve la letra del equipo, como un libro de firmas o una tarjeta grande, y un objeto que se quede, como una placa grabada. Lo primero es lo que se conserva; lo segundo es lo que se enseña en casa.
En una colecta de equipo lo habitual es una cifra pequeña por cabeza que sume un regalo decente. Lo que importa más que el importe es que nadie quede señalado por no poder poner: la lista de firmas no debería coincidir con la de quien pagó.
Si se va contento y en su fecha, sí, y suele funcionar muy bien delante de la gente. Si la salida no ha sido voluntaria, no: ahí el regalo de despedida sin chiste es la única opción que aguanta el momento.
Son dos regalos distintos y conviene que se noten distintos. El de la empresa suele ser formal —una placa, un obsequio institucional— y el del equipo es el que lleva las firmas. Si sólo va a haber uno, que sea el del equipo.
Es tentador y falla más de lo que parece, porque nadie sabe todavía a qué va a dedicar el tiempo. Mejor algo que no presuponga la afición: una caja de una cena para dos, que incluye a su pareja, o un lote, y que decida él en qué se le va el año que viene.