¿Qué regalar a un jefe que se jubila?
- Algo que lleve la letra de todo el equipo, como un libro de firmas o una tarjeta grande
- Un objeto que se quede en casa, como una placa grabada o un humidor si fuma puro
- Presupuesto de colecta, no individual: es de los pocos regalos de oficina donde se puede gastar de verdad
- La broma con cuidado, y solo si se va contento y por su propia decisión
- Algo pensado para el tiempo libre que empieza, nunca algo que dé por hecho en qué se lo va a llenar
- Entrega en la comida de despedida, no en el despacho a solas
Lo que cambia cuando alguien se va
Se abre el margen para dos cosas que el resto del año no caben. La primera es lo emotivo: aquí sí se puede decir que se le va a echar de menos, y se puede poner por escrito. La segunda es la broma, con cuidado y sabiendo quién se ríe.
Y se abre el presupuesto, porque este regalo es casi siempre colectivo. Con una colecta de quince personas se llega a un objeto que ninguna podría regalar sola sin incomodar. Es la única ocasión de toda la relación laboral en la que un regalo caro no se lee como un intento de quedar bien, precisamente porque ya no hay ningún beneficio futuro que buscar con él ni ningún ascenso pendiente que pudiera explicar el gesto.
Si el jefe que se va es una jefa, el planteamiento no cambia en el fondo, aunque conviene revisar el catálogo con eso en mente: el llavero original para mujer o una placa personalizada con su nombre encajan igual de bien que las versiones pensadas por defecto para un hombre, y merece la pena mirar el objeto en sí antes de dar por hecho que sirve cualquiera de los dos.
El regalo que firma todo el equipo es el que se guarda
De todo lo que se compra para una despedida, lo que se conserva años es lo que lleva letra de la gente. Un objeto bonito se agradece el mismo día. Una página escrita por cada compañero se lee otra vez en casa, normalmente más de una vez, y suele acabar siendo lo primero que se enseña a la familia cuando alguien pregunta por el día de la despedida.
El pasaporte de despedida resuelve el problema logístico de siempre, que es conseguir que participen doce personas sin montar un grupo paralelo de mensajes cruzados: hay una página por persona y cada una escribe la suya con calma, sin que nadie tenga que leer en voz alta delante del resto. La tarjeta gigante A4 y la tarjeta de madera hacen lo mismo con menos ceremonia, y son la opción más rápida cuando la despedida se organiza con poco margen de tiempo.
Y para lo que se pone en una estantería, la placa conmemorativa con grabado libre es la más flexible que hay, porque no obliga a que cuadre ninguna cifra exacta de años. La placa de homenaje con texto grabado cumple el mismo papel con un formato algo más formal, pensado para colgar en vez de apoyar.
Un objeto de peso, cuando la colecta da para más
Con una colecta grande, el presupuesto permite ir más allá de lo simbólico. Si el jefe fuma puro, un humidor de sobremesa para cien puros o el armario humidor eléctrico Klarstein El Presidente de 37 litros son el tipo de regalo que un jefe rara vez se compra para sí mismo, precisamente porque parece un exceso mientras sigue trabajando. Jubilado, deja de parecerlo. El humidor de escritorio con tapa de cristal es la versión más compacta de la misma idea, y una perforadora de puros de doble broca sirve de complemento barato si el presupuesto ya está gastado en el humidor.
Si no fuma, el terreno del vino ofrece el mismo tipo de regalo importante: el set de vino personalizado con estuche de bambú o la caja de vino de bambú con set de sumiller tienen el peso justo para un regalo colectivo sin caer en lo excesivo, y las copas grabadas con sacacorchos completan el conjunto sin disparar el presupuesto.
Hasta dónde llega la broma
Depende de una cosa concreta: de si se va contento. Alguien que se jubila en su fecha y con ganas admite el chiste. Alguien a quien la salida le ha pillado a contrapié, no. Y hay un matiz que se pasa por alto con frecuencia: la broma que hace gracia en la comida delante de todo el equipo puede no hacer ninguna gracia leída después, a solas, en la tarjeta que se queda para siempre. Conviene separar los dos formatos y no repetir el mismo chiste en los dos sitios.
Cuando el tono lo permite, los calcetines con el chiste en la planta del pie están bien construidos para el momento: se leen sólo con las piernas en alto, que es la postura que celebra la frase, y funcionan delante de la gente porque hay reacción en la comida.
Cuando no lo permite, la taza de «nueva etapa» es exactamente la respuesta: es la de despedida sin chiste, y es lo único que aguanta que se le dé a la jefa o a alguien que se va con la emoción a flor de piel.
Si el grupo es pequeño o el presupuesto no da para tanto
No todas las despedidas mueven a quince personas. Cuando el grupo es de tres o cuatro, una caja de café en grano de cuatro orígenes o la caja de seis cafés de origen Black Donkey son un regalo con presencia que no exige una colecta grande, y la cesta gourmet personalizable Don Gourmet suma el detalle de llevar un nombre o una fecha sin subir mucho el gasto por cabeza. El estuche de tres aceites 5 Elementos resuelve el mismo hueco con un presupuesto todavía más ajustado.
Para el detalle individual que alguien quiere añadir aparte del regalo del grupo, el llavero personalizado para una jubilación inolvidable o la lámpara botella grabada «Gracias por todo» cumplen esa función sin competir con el regalo colectivo.
Guiños de humor, aparte del regalo serio
Cuando el ambiente ya está resuelto por el regalo importante, un detalle de broma aparte añade un momento de risa sin restarle peso a lo demás. El peluche de crochet de broma para despedidas o el vaso térmico «Coordinador del Caos» para tu jefe funcionan bien en el momento de la comida, siempre después de haber entregado ya lo importante y nunca como sustituto de ello.
El orden de entrega importa aquí más que en cualquier otro momento: si el detalle de broma sale primero, el ambiente se queda ahí y lo emotivo que viene después pierde fuerza. Entregarlo al final, ya con el discurso hecho y la placa o la tarjeta ya en sus manos, cierra la comida con una nota ligera sin quitarle peso a lo que de verdad importaba.
Qué evitar
- Entregar el regalo colectivo a solas en su despacho, sin el resto del equipo delante
- Una broma sobre la edad o sobre «ya no servir para trabajar», que envejece mal incluso entre quienes se ríen en el momento
- Presuponer una afición para el tiempo libre que empieza, cuando nadie del equipo sabe todavía en qué se va a ocupar
- Un regalo idéntico al que le hizo la empresa, que resta valor a los dos
- Dejar la colecta abierta hasta última hora, de forma que alguien quede señalado por no haber podido aportar
Cómo se entrega, que importa tanto como lo que va dentro
Tres decisiones que conviene tomar antes de recoger el dinero.
Dónde. En la comida o el café de despedida, no en su despacho a solas: un regalo colectivo entregado en privado pierde la mitad de su sentido.
Quién. La persona con más años en el equipo, no la que organizó la colecta. El que entrega queda asociado al regalo y conviene que sea quien tiene más historia con él.
Y quién habla. Dos frases bastan y es mejor tenerlas pensadas: en una despedida el silencio incómodo lo arregla cualquiera, pero el discurso largo no lo arregla nadie.
Cuándo. Al final de la comida y no al principio, cuando todavía queda comida por servir y buena parte de la atención sigue en otra parte. El momento del café, justo antes del postre o justo después, suele ser el que menos interrumpe y el que más atención reúne.
Cuando se va a otra empresa y no se jubila
Cambia una cosa importante: la relación no se termina, sólo cambia de forma. Ahí funciona mejor lo que mira hacia delante, la taza «Que todo lo bueno te siga» o la placa con una fecha, que lo que hace balance, y conviene bajar el volumen de lo emotivo porque os vais a seguir viendo, aunque sea de forma más esporádica que hasta ahora.
En este caso también cambia el tono de la despedida en sí: no hace falta un discurso que suene a cierre definitivo, y de hecho conviene evitarlo, porque lo más probable es que coincidáis en algún evento del sector o que incluso volváis a trabajar juntos en el futuro. La taza «Gracias por todo» para compañeros de trabajo resume ese registro intermedio mejor que cualquier objeto pensado específicamente para una jubilación.
Tienes el catálogo completo en regalos para tu jefe o tu jefa, la fecha de diciembre en regalos de Navidad para tu jefe y el registro de igual a igual en regalos para un compañero de trabajo, útil si en la despedida participa gente de fuera de tu departamento directo.
Escrito por el equipo de Regalando, que revisa cada regalo antes de incluirlo en la lista.